El envejecimiento eleva los datos de insuficiencia cardíaca en Ourense

Es la segunda causa de ingreso en el Servicio de Cardiología del CHUO


ourense

Según los datos que maneja la Sociedad Española de Cardiología, una de cada cinco personas sufrirá insuficiencia cardíaca a lo largo de su vida. A nivel general en España la padece el 1,2% de la población pero, aunque no es una consecuencia natural del envejecimiento, sí que su presencia aumenta en poblaciones con mayor edad media de sus habitantes. «La prevalencia de esta patología es muy alta en general en el mundo occidental. Galicia, está a la cabeza de las comunidades autónomas con mayor tasa bruta de mortalidad por insuficiencia cardíaca, Este dato es en parte se atribuible al mayor envejecimiento de la población gallega, que según los datos del INE del 2010 era del 22 % de mayores de 65 años frente al 17% nacional», explica Elvira Blanco Labrador, la responsable del Servicio de Cardiología del CHUO.

No existen estudios de ámbito local que marquen exactamente cuál es esa prevalencia en la provincia de Ourense, pero el hecho de que sea la provincia gallega más envejecida hace suponer que también ocupa puestos de cabeza en la lista por número de afectados. Lo que sí se sabe es que esta patología «es la segunda causa de ingreso en nuestro servicio», matiza Blanco Labrador que recuerda que constituye la tercera causa de muerte en la comunidad gallega, además de ser un importante problema asistencial.

«La insuficiencia cardíaca crónica podríamos definirla, de una forma sencilla para que todo el mundo lo entienda, como una situación en la que el corazón es incapaz de bombear la cantidad de sangre necesaria para abastecer las necesidades del organismo», resume la cardióloga ourensana.

Las causas y los síntomas

Pero, ¿cómo se genera esta enfermedad? Según explica Blanco Labrador hay varias causas que pueden estar detrás: «Entre la más frecuentes están la cardiopatía isquémica, la hipertensión arterial, la patología intrínseca del músculo cardíaco, las valvulopatías, etcétera». De los síntomas que pueden poner en alerta, el más característico es la disnea «entendida como la sensación subjetiva que tienen una persona de que no le llega el aire», señala la especialista. La fatiga es otro elemento a tener en cuenta. «La gente comienza a notar que lo que hacía habitualmente no lo puede hacer porque se cansa mucho», dice Blanco que apunta que otros síntomas, como los edemas, pueden aparecer más tarde. La prevalencia de la insuficiencia cardíaca no presenta diferencias entre hombres y mujeres y, aunque según recuerda Blanco Labrador «sin tratamiento, tiene un pronóstico peor que muchos cánceres», es tratable.

El abordaje de la enfermedad varía y, dependiendo del caso, va desde la administración de fármacos hasta la implantación de mecanismos como pueden ser los marcapasos es tratable o incluso intervenciones quirúrgicas, que además se combinan con el mantenimiento por parte del afectado de un estilo de vida saludable, evitando las situaciones que supongan una sobrecarga para el corazón.

«Con tratamiento el pronóstico difiere en gran medida de la causa que la motiva. Por esta razón, resulta tan importante el prevenir su aparición y el seguimiento correcto de las indicaciones y controles», dice la responsable de Cardiología del CHUO.

En un porcentaje importante de los casos se puede prevenir

La buena noticia con respecto a la insuficiencia cardíaca es que, a pesar de los malos datos en cuanto a mortalidad, es una enfermedad que puede evitarse. Pero para ello es esencial la implicación de la sociedad. «Es muy importante que la población en general se autoconciencie de que hay que evitar los factores de riesgo, como el tabaquismo, el sedentarismo o la dieta inadecuada. Se trata de no desarrollar las patologías cuyo estadío final es la insuficiencia cardíaca, fundamentalmente la cardiopatía isquémica y la hipertensión arterial», señala la cardióloga Elvira Blanco Labrador. Si esos hábitos de vida se generalizan un importante porcentaje de personas no la desarrollarían. La realidad es que salvo algunas afecciones de base ?que son minoritarias?, como la patología intrínseca de miocardio, la mayoría de las causas que están en el origen de esta insuficiencia se pueden prevenir. Controlar el nivel de colesterol, las diabetes, la tensión arterial, llevar una alimentación sana centrada en la dieta mediterránea, hacer algo de ejercicio físico a diario o no fumar son algunas de las claves. «Falta la prevención para concienciar a la población de que esta patología se puede evitar si se evitan los factores de riesgo. Una vez que ya se ha desarrollado la enfermedad, no tiene vuelta atrás», insiste. 

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