Baltar, la novia y el niño


Al presidente de la Diputación le gusta mucho echar cuentas. Sabe cuántos días lleva gobernando, por ejemplo, y suele hacer juegos con los números para que le cuadren cifras redondas. Pero quizás en los últimos tiempos haya dejado de practicar porque parece que los 15 millones de la Unión Europea que Ourense no recibirá no le parecen demasiado importantes. A lo mejor no repara en los ceros que suponen. Esta semana se conocía la decisión de dejar a Ourense fuera de un reparto de fondos de la UE que, según las aspiraciones de la institución provincial, iba a impulsar el desarrollo metropolitano. Pero para valorarlo, o para contar cómo va a afrontarlo, José Manuel Baltar no se ha dignado a convocar ninguna rueda de prensa. Sí lo hace para presentar campamentos de ourensanía -que dan algo de miedito, porque uno se imagina a los niños uniformados y cantando el Ourense no solpor- o para dar a conocer subvenciones europeas como si las hubiera conseguido él cuando se trata de proyectos liderados por otras administraciones. No es nuevo. La institución y su presidente intentan fagocitar decenas de iniciativas, probablemente con subvenciones por medio, en una demostración práctica de ese refrán que dice que hay quien quiere ser «la novia en la boda, el niño en el bautizo...». Alguien debería hacérselo mirar. Él mismo. Pero también quienes le permiten ser la novia y el niño.

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