«Muchas cosas influyen en el acoso, también la cultura de los 'me gusta'»

La asociación Aseia presentó un nuevo programa para prevenir el acoso escolar


ourense / la voz

Los padres del colegio Curros Enríquez han sido los primeros en interesarse por el nuevo plan diseñado por la Asociación para a Saúde Emocional na Infancia e Adolescencia (Aseia) para prevenir el acoso escolar: «A mirada do outro». Bajo ese título se agrupa un plan de trabajo dirigido a escolares del tercer ciclo de Educación Primaria que aborda aspectos relacionados con la educación emocional, el desarrollo de la empatía y la aceptación de la diversidad. Además de la labor con los escolares, incluye charlas formativas con los padres y los profesionales para que conozcan las pautas a seguir en la prevención y detección. Su coordinadora, Natalia Fernández, avanza que comenzará a implantarse en los colegios que lo soliciten el próximo septiembre.

-¿Por qué el público objetivo es de primaria?

-Puede parecer pronto, pero para nosotros tiene una lógica. Lo que reflejan los estudios y lo que percibimos por nuestra propia observación en el trabajo de los últimos años, es que este tipo de conductas aparecen en primaria, al margen de que se consoliden en la adolescencia. El objetivo es prevenir, por eso abordamos esto desde una especie de triangulación; no solo con las dos partes de actores en una relación de acoso escolar, sino también con los espectadores.

-¿Qué aspectos se trabajan?

-Se trata de desarrollar desde lo vivencial habilidades personales de autoconciencia y comportamiento para mejorar la autorregulación emocional trabajando todo lo que tiene que ver con la gestión de conflictos y las habilidades de interacción social como formas de protección. Todos tenemos dificultades para gestionar los conflictos en las relaciones, pero no hay que olvidar que en esa etapa de la vida que es la pubertad hay cambios personales que se traducen muchas veces en conflictos de relación.

-¿Hasta qué punto se puede entender entonces que la conflictividad es normal por la edad y cuándo pasa la frontera?

-Hay cuestiones que hay que normalizar y no alarmar. Los niños y las niñas muchas veces se han pegado en el colegio, o en la plaza o en la calle. Por mucho que no sea un modo adecuado, formaba casi parte de ese proceso natural de entrar en contacto físico con el otro. El acoso escolar tiene otras características, hay una intencionalidad de señalar al que se identifica como diferente al grupo y hacerlo desde la burla, el insulto o incluso llegando a la agresión. Y se mantiene en el tiempo, no es un choque esporádico. Y estas situaciones tienen un elemento diferenciador que es que están muy mediatizadas por el silencio y por la complicidad de los espectadores que también toman esa postura por un afán de pertenencia al grupo.

-¿Influyen las nuevas formas de relación virtual?

-Hay un montón de cosas que influyen en el acoso, también lo que tiene que ver con la cultura digital, con los ‘me gusta’, con la construcción de la propia identidad, que hoy se hace de forma diferente porque también han entrado en juego otras cosas. Vivimos en una realidad diferente y eso lo sentimos los adultos. No hay que olvidar que el grupo de iguales es el primer referente para la aceptación social, a esas edades y más adelante también. ¿Cómo se construye la identidad de nuestros niños y niñas que ya están usando desde edades tempranas las nuevas tecnologías? Pues al final estamos condicionados por los ‘me gusta’, y si tengo más o menos soy más o menos popular o entro en ese grupo más popular. Por eso hay que construir la seguridad en sí mismos, trabajando la autoestima y el valor de la diferencia, porque todos somos diferentes.

-¿Alguien que no se atrevería a pegar o a acosar a otro cara a cara se anima más en lo virtual?

-De la misma manera que encontramos a chicos y chicas que dicen que a través de las redes se sienten más capaces de declarar su amor a otro, es posible que esa distancia física de las redes favorezca, pero principalmente creo que tiene más que ver con la viralidad y la popularidad que otorga el subir algo, o compartirlo o darle a un ‘me gusta’. También es verdad que dentro de lo natural que es para ellos esa forma de relacionarse no son muy conscientes ni del daño al otro ni de la repercusión que puede tener el subir según que cosas, incluso cuando son ellos mismos los que se exponen.

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