La hoguera de las vanidades

Los retratos combustibles de Natasha Lelenko se exponen en El Cercano


ourense

«Mi infancia no ha perdido nunca su magia ni su misterio ni su dimensión dramática», Louise Bourgeois.

La novelista y artista multidisciplinar moldava Natasha Lelenko propone en la exposición Adopta a un señor importante que se exhibe en El Cercano, una magnífica reflexión sobre lo efímero y la caducidad y sobre el absurdo intento de cuantificar y prolongar el valor de los objetos más allá de nuestra evanescente trascendencia. La artista dialoga a través de un catálogo de personajes que conviven entre lo mayúsculo y el absurdo, arquetipos heridos de ego y prepotencia, de rancia vanidad y solemne arrogancia que remiten, desde su ficción a algún personaje histórico como Neronciño o Dióxenes. Trasplanta como reconstrucción en el retrato la vieja tradición de los parsunas rusos con un sentido posmoderno de introspección y análisis, un discurso conceptual y un eclecticismo anárquico próximo a Komar&Melamid en su reinterpretación del Kitsch, en la parodia de la tradición, la memoria, el proyecto de utilizar la ficción contra sí misma, la contradicción y lo absurdo, la ternura e ironía, heredera de la vanguardia y de su estilo beligerante.

La obra de Lelenko resulta sorprendente, intensa, espléndida, magnética con el inquietante misterio de los personajes soberbios, lúcidos y absurdos, solemnes y enternecedores, actores de un thriller existencial en el que exhiben su catálogo de humanas cicatrices y capitales faltas, egolatría, ambición y vanidades varias, una estética que abunda en imaginación e ingenio como en la de Marc Chagall, de frontalidad arcaizante que yuxtapone el icono bizantino ortodoxo al enigma de los rostros de Modigliani y Moïse Kisling donde los personajes, tales como estos señores y señoras ilustres y ensimismados, se presentan sin epítome, como realidades autónomas, concreciones de acrílico cuya factura impecable subraya el talento de la artista y su dominio de la técnica y cuya captación psicológica representa a través de un expresionismo vitalista una atmósfera victoriana, noctámbulo y colorista, un universo melancólico, bohemio y maldito, expresión de la alienación contemporánea.

Humor y misterio que como en la obra de Ida Karskaya extiende a su catálogo de personajes de oscuros secretos, el Surrealismo de los lugares cerrados, recuerdo de un horror omnipresente de Penrose, un falseamiento de la historia como propone Silbermann en suspense o humor, una humanidad destinada al extravío. Expresionismo y Románico en sus hieráticas presencias. Natasha convierte sus retratos en arte mayor de efectos monumentales mediante la hipertrofia de sus rasgos, la distorsión del gesto, la caricaturización de las figuras y su plasticidad. Subraya la psicología del personaje a través de la utilización de los objetos neutralizados en sus contenidos emocionales para destacar el gesto entre suplicante y distante del retratado. Como indicios simbólicos, utiliza los objetos cotidianos vaciados de contexto.

Cabe destacar el tratamiento que hace del soporte, una lasca de madera seca de corte transversal que mantiene en su estereomía, sus cortes dentados y asimetrías su concéntrico volumen de tondo. El uso del material y su policromía remite a los retablos religiosos, defendiendo una especie de realismo fantástico, de carácter agnóstico, solemne y provocador.

Retrato racional de la banalidad cotidiana y un análisis de la realidad y de mitologías de naturaleza heteróclita, el cómic y el cine.

La acción performática que propone Lelenco en la metáfora de sus personajes que a través de un óculo, distantes y pendientes en su soporte suplican amnistía, la condonación de la pena de muerte que en las llamas de la hoguera de San Juan arderán; a través de esta dramática propuesta de ejecución está la intervención del espectador, salvando a estos personajes mediante la adquisición de la obra. Descentrando los itinerarios y actores presentes en el mercado del arte: galerías, intereses, curators, críticos …centrando la responsabilidad en la relación entre la obra y el cliente, sujeto y objeto.

El trabajo creativo de Natasha dialoga con la realidad desde su experiencia vital y la lucidez catalizadora del arte para superar el dolor, su valentía y creatividad, una mirada de género, sensibilidad exquisita y una voz cargada de humanidad, superación y un vitalismo caníbal de superviviente que se retroalimenta desde lo absurdo, de lo trágico y lo cómico que dan sentido a la vida y una ironía positiva generadora de metáforas.

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