El dinero recaudado por vecinos de un pueblo de Aragón financia una investigación del CHUO

El estudio busca nuevas pistas para prevenir el cáncer de colon


ourense / la voz

El servicio de Digestivo del CHUO lidera un proyecto de investigación relacionado con una alteración genética vinculada al cáncer de colon que se va a convertir en realidad gracias a la solidaridad de un pequeño pueblo de Huesca de apenas 3.600 habitantes: Tamarite de Litera. «La verdad es que cuando los fondos llegan así, del esfuerzo y el empeño de personas que, desde la calle, quieren colaborar, genera una responsabilidad enorme; es muy bonito», señala Joaquín Cubiella Fernández, digestólogo del CHUO impulsor del estudio.

La iniciativa aragonesa surgió hace cinco años por el empeño de una mujer, Merçe Miranda, esposa de un afectado por cáncer, que quería poner su granito de arena en la lucha contra la enfermedad. Puso en marcha, con la ayuda de un club deportivo, la actividad «Corre, pedalea, patina o camina contra el cáncer». Lo que recaudan lo entregan para investigación a la Asociación Española de Digestólogos.

Esta entidad científica suele reinvertir el dinero procedente de los congresos que organiza en esa labor investigadora y la iniciativa vecinal ayuda a incrementar sus fondos. «Al principio la cantidad era pequeña, pero ha ido creciendo y este año han conseguido recaudar 16.000 euros que dará para cubrir esta beca y otra para una investigación sobre el cáncer de páncreas», señala Joaquín Cubiella.

El proyecto ourensano se gestó en el servicio de digestivo del CHUO con la colaboración de un especialista en microbiota intestinal, investigador del CSIC, que pasó un tiempo en este departamento. Lo que se pretende conseguir es relacionar el síndrome de Lynch con alteraciones en la flora intestinal para determinar su relación con el desarrollo de tumores de colon.

Mas de treinta familias

El síndrome de Lynch y el cáncer de colon están muy unidos. «Es la predisposición genética al cáncer de colon más frecuente y, aunque no todos los pacientes que tienen esta alteración desarrollan un tumor, sí que ocurre en un porcentaje importante», señala Cubiella. De hecho, en el servicio controlan ya a una treintena de familias «y a cada uno de sus cinco o seis miembros para intentar hacer una detección precoz», explica el especialista ourensano. Localizar el tumor lo antes posible puede reducir hasta en un 90% la mortalidad. Esa es la razón por la que las personas diagnosticadas con síndrome de Linch -y sus familiares que puedan haber heredado esa mutación- se someten a pruebas de colonoscopias con frecuencia.

Ese será un aspecto que aprovechará la investigación. «Lo que queremos ver con este estudio es si la aparición de pólipos en esas pruebas que les hacemos se relaciona con la microbiota; es decir si tienen una flora intestinal diferente a quienes no tienen un pólipo»; explica el digestólogo ourensano. Si logran establecer esa relación «podríamos plantearnos en el futuro hacer modificaciones en la flora, cambiarla de alguna forma para que se pudieran reducir riesgos», aclara.

Esa es la hipótesis que intentarán demostrar con la puesta en marcha inmediata de la investigación en la que no solo se implica el CHUO. Hay otros hospitales españoles que también se han unido a este trabajo: «Están la Clínica Universitaria de Navarra, la Clínica de Barcelona, compañeros de San Sebastián y del universitario de Alicante; además del Instituto de Productos Lácteos de Asturias que se encargará de los análisis», aclara Cubiella Fernández.

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