Sin explicación


Los mayores ourensanos han vuelto a ser los gallegos que más se han vacunado en la última campaña de gripe; y Ourense la provincia con una menor tasa de ingresos oficialmente achacables a esa patología. Y ojo, que no hablamos de cifras de pacientes, sino del porcentaje con respecto a la población. La conclusión lógica, uniendo estas dos realidades, es sencilla: los jubilados ourensanos son gente sabia. Sin embargo los profesionales que trabajan en la sanidad en nuestra provincia se han quedado muy por debajo de la media de sus colegas gallegos en eso de ponerse la vacuna antigripal. Se han animado más que otros años, es cierto, pero ni en Primaria (un 32,7%), ni mucho menos en los hospitales (21,7%) se han acercado a la recomendación del Sergas. ¿Quiere eso decir que los profesionales sanitarios ourensanos son menos sabios que los mayores a los que atienden? Posiblemente no sea esa la respuesta y esta realidad tenga más que ver el hecho de que cuando uno es joven -o no tanto, pero todavía esá en edad productiva- y se siente relativamente sano, no valora los riesgos de la misma forma que cuando los años y sus achaques pesan y duelen hasta para levantarse de la silla.

Pero, a mi modo de ver, este argumento, entendible en la mayor parte de la población, debería quedar matizado cuando la salud del mayor, ya debilitada, se pone en riesgo por quienes tienen que sanar y cuidar. Porque todos tenemos interiorizado -y en ello confiamos- que esa vocación de «curar y no dañar» está más que arraigada entre quienes eligen la profesión sanitaria. Así que no encuentro explicación a esa reticencia; pero seguro que la hay.

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