El gen del fútbol comprometido

La precoz escalada desde el Pabellón al Celta ya une los destinos de los Dacosta


ourense / la voz

El nombre de José Ramón Dacosta González (Ourense, 1974) es un referente en el fútbol de su ciudad natal, donde despuntó en un equipo de barrio hasta dar el salto al mismísimo Celta y debutar en la máxima categoría nacional, en un encuentro en el Molinón gijonés. Hoy en día, su hijo Raúl Dacosta Cerqueda (Ourense, 2002) ya emuló, pese a su juventud, el salto desde el Pabellón a la cantera del club celeste, en el que brilla como una de las promesas del balompié galaico.

Al veterano Ramón le complace recordar aquellos primeros pasos que dio detrás de un balón y las personas que le echaron una mano: «Fue en un equipo que se llamaba Noso Lar, con Manuel Meiriño, que a tantos chavales ha entrenado en todo este tiempo. Con él nos fuimos al Pabellón y, desde ahí me marché al Celta para jugar en Sub 19 y Segunda B. Después me cedieron al Ourense y ascendimos a Segunda. Al volver a Vigo pude debutar en Primera, pero me volvieron a ceder, al Alavés. Otro año inolvidable, con ascenso a la máxima categoría. Un año precioso en el que eliminamos en la Copa del Rey al Compos, Dépor, Oviedo y Real Madrid, hasta que nos echó el Mallorca en semifinales».

El joven Raúl ya ha oído hablar de esas batallitas por distintas fuentes y admite: «Nunca pude verlo jugar con el Celta. Sí lo vi con el Ourense y una vez con la selección gallega, además de en varios vídeos. Me pareció que lo hacía bastante bien y, lo que me dice casi toda la gente que lo conoce es que trabajaba mucho en el campo». Si su progenitor brilló como lateral, el hijo solo se aguantó atrás en los tiempos del fútbol sala, en sus primeras categorías de formación. Ahora destaca como extremo del Celta «A» de cadetes, pese a que es su primer año en la categoría. Con la selección gallega ya participó en un Campeonato de España benjamín en Málaga y este mismo fin de semana viene de participar en la segunda fase del estatal sub 16.

En las dos generaciones de la familia Dacosta saben en todo caso que el camino del fútbol profesional es largo y tortuoso en algunos casos. De hecho el padre también tuvo bastante de jornalero, hasta que tocó volver a casa: «Me llamó el señor Manuel Rois y pude regresar a un club en el que aún dimos guerra varios años, aunque al final pasó lo que pasó. Hoy sentimos un vacío muy grande los que estuvimos involucrados en esa gran entidad».

Y, por si fuera poco, a Ramón también le tocó vivir el movimiento regenerativo de la Unión Deportiva, incluso vistiéndose de corto con más de cuarenta tacos: «Fue bonito, con los exjugadores arrimando el hombro, el doctor Cabaleiro guiándonos y los aficionados cogiendo las riendas. Por ahora todo va fenomenal y se dan pasos firmes para que vuelva el fútbol de categoría nacional».

Y quién sabe. Quizás la nueva Unión Deportiva Ourense pueda medirse algún día a un Raúl Dacosta vestido de celeste o incluso llegue cedido, como su padre, para el ascenso a la categoría de plata. Es fútbol ficción, pero también es futuro, el que tiene por delante el balompié de nuestra provincia.

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