El arrestado por el asalto al Mercadona ingresará en prisión tras ser tratado de un trastorno psicótico

El comportamiento extraño del joven era ya conocido en el súpermercado; solía entrar repetidas veces en el establecimiento son cruzar palabra con nadie

El tiroteo del supermercado de Ourense, visto a través de las cámaras de seguridad Así captaron las cámaras de seguridad del establecimiento la entrada del hombre armado, cómo tira al suelo las botellas de las estanterías y cómo se come tranquilamente un plátano antes de la llegada de los agentes

Ourense

El detenido por el ataque con una escopeta al Mercadona de As Lagoas de Ourense ingresará en prisión provisional imputado por los delitos de daños, robo con intimidación, atentado a agente de la autoridad, tenencia ilícita de armas, pero antes deberá estabilizarse en la unidad de agudos psiquiátricos del hospital. adonde el juez le ha enviado este viernes. El joven compareció por la mañana en el juzgado de guardia de Ourense después de ser detenido el miércoles por el asalto al supermercado, en el que realizó seis disparos con una escopeta de caza. 

«Nunca hablaba» asegura el personal

La actividad comercial volvió al supermercado Mercadona de As Lagoas, después del suceso que conmocionó a la ciudad el pasado miércoles. Los trabajadores del centro intentaban recuperar la rutina, aunque eran inevitables los comentarios de clientes sobre lo acontecido con el asaltante que entró armado y disparó seis tiros con una escopeta, y la expectación mediática continuaba en el exterior. El impacto en la cristalera de la entrada era la huella más visible de lo ocurrido y la actitud del atacante seguía siendo el principal tema de conversación. No obstante, los responsables de la tienda consideran que lo mejor es pasar página pues, afortunadamente, nadie salió herido y todo quedó en un gran susto.

El comportamiento extraño del joven ya era conocido en el súper, aunque no con esa manifestación violenta. El detenido, Stefano G. U. , había entrado esa mañana tres veces al supermercado. Era algo que solía hacer habitualmente y sin cruzar palabra con nadie. «Ni hola, ni gracias. Nunca hablaba nada», recordaba la última empleada que lo atendió, Eva Pérez.

Tras pagar una última compra, un pimiento, volvió a acceder al establecimiento por la entrada del párking ya con la escopeta armada. Eran las 14.04 horas, según recogen las cámaras de seguridad del centro. Tras pasear por los pasillos, realizó los cuatro primeros disparos al techo, luego tiró al suelo con la escopeta varias botellas de las estanterías de la sección de bodega y volvió a realizar dos disparos, cuando ya el agente de policía local había intentado que depusiese el arma. Tras esos dos últimos tiros, a un letrero y a la cristalera, esperó tranquilamente comiéndose un plátano en la línea de cajas de la entrada principal y luego se arrodilló y se tumbó en el suelo, mientras seguía comiendo, esperando a que lo detuviesen.

Stefano G. U. se acogió a su derecho a no declarar ante la policía, acompañó a los agentes a un registro nocturno en su domicilio. Allí no se encontró nada relevante para la investigación, aunque los policías se llevaron su ordenador y su móvil para examinarlo por si hubiera en ellos algo relacionado con el hecho.

De momento, se desconoce por qué actuó el sospechoso de esta manera. En el supermercado llevaban viéndolo unos meses, desde el principio del curso universitario. Daba aspecto de estudiante extranjero, con su pelo y tez claras, según trabajadores de la tienda. Sin embargo, no se le conoce ninguna actividad. No trabajaba pero sí viajaba bastante, gracias a la saludable posición económica de sus padres. Su progenitor acudió a la comisaría tras la detención de su hijo, preocupado y sorprendido por esta conducta. Manifestó que no conocían que tuviese enfermedad mental declarada o diagnosticada.

Tras la detención y las preguntas que no quiso contestar, el arrestado pasó su primera noche en los calabozos, durmiendo tranquilamente. 

El examen de los impactos de los seis disparos realizados por el sospechoso muestra que, aparentemente, su intención no era la de atentar contra la vida de nadie. Los cuatro primeros los realizó contra el techo. Solo el último, que impactó en la cristalera blindada de la entrada, podría ir en dirección de una persona, el policía local que se identificó como tal y desde la entrada le pidió que dejase el arma, según el testimonio del agente. Policialmente, todavía se recabarán declaraciones de testigos y se examinará el material de los soportes informáticos. El subdelegado del Gobierno, Roberto Castro, manifestó ayer: «Todo parece indicar que esta persona no se encontraba muy en sus cabales. No parecía contrariado tras ser detenido, sino como un niño que comió las galletas del armario».

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