El milagro del moderno Prometeo

El artista ourensano Rosendo Cid expone el Espacio de Arte Roberto Verino en el Paseo de la capital


ourense

«Tú me diste estas emociones, pero no me dijiste como usarlas». Frankenstein, Mary Shelley. El espacio de Arte Roberto Verino presenta la obra de Rosendo Cid Collages a través de dos series abiertas: Las líneas paralelas nunca se encuentran y Yo, que tantas pinturas he intentado ser, ambas expuestas en Galería Metro de Santiago de Compostela. La base de investigación se realiza mediante la irrupción de elementos directamente recogidos de la realidad e integrados en la superficie de la imagen. Constituyendo una de las cesuras que determinan el arte contemporáneo, el collage; de impaciencia iconoclasta, a través de dos vías, la yuxtaposición y contaminación metafórica de las imágenes de tipo surrealista como Max Ernst o Prévert. O la insistencia sobre la violencia que suscita el material y su impacto poético en la línea de Schwitters, Arp, Dubuffet o Chaissac más próximo al Dadaísmo, derivando hacia una estética Pop figurativa como Erró o narrativa como Arroyo.

El diseñador Roberto Verino, sensible a todas las manifestaciones plásticas que se producen en su Espacio, subraya con su presencia su apoyo, interés y respeto hacia las expresiones artísticas de carácter interventivo que tienen lugar en el espacio que con su nombre dedica a la promoción del arte en Rúa do Paseo, 21. Rosendo Cid produce ideas a partir de imágenes previamente manipuladas, intervenidas y descontextualizadas para generar una nueva realidad que es configurada de forma abierta por el espectador. En la serie Las líneas paralelas nunca se encuentran, los elementos intervenidos son solamente dos por obra, siendo en su mayor parte retratos bifaces que integran en un mismo rostro distintos personajes tales como David Bowie o Rita Hayworth. Con un interés estético y conceptual que oscurece la importancia del personaje singularizado al que se le roba su identidad en el rigor de la pieza concluida y plural, cuya figuración y material remite a las grandes fotografías de las revistas de los 70 y cuya simbiosis taxidérmica insinúa distintas y nuevas criaturas biformes y bisexuales.

El trabajo se construye como en arqueología a partir de la destrucción de lo visible para indagar en lo que subyace. El artista utiliza las partes sobrantes de las imágenes para reconstruir en el futuro nuevas imágenes, interesándose por la indefinición de las formas y contenido, extrayendo el concepto que oculta la apariencia. Su planteamiento es investigar las posibilidades expresivas y permutativas de elementos e imágenes preexistentes cuya combinación, mutación o integración formula nuevos conceptos o ideas e intenciones a través de visiones sugerentes en una línea abierta. Un trabajo procesual que se origina en el taller y se experimenta hasta el agotamiento de una idea con secuencias para proyectos futuros en la reutilización artística de los descartes.

En las obras de Rosendo subyace el carácter reflexivo de la práctica textual utilizando como juego el azar, la idea y la palabra, con fin plástico y experimental próximo al surrealismo pero con la desazón nihilista e irónica del dadaísmo. Descentrando y desfragmentando el espacio, tiempo y lugar, aísla a los personajes, convertidos en seres objeto como el Otradek del relato de Kafka, desubicado y alienado en una existencia tan absurda como indefinida.

Renunciando a toda pintura retiniana, compone sus collages mediante una articulación de conceptos de orden privado cuyas relaciones e interacciones van más allá de la historia de arte o del aura mágica de la pintura. Situándose en la repetición de partes o modelos icónicos reconocibles, la falsificación de una imagen representativa en el catálogo de la historia del arte como una escenografía habilitada para el concepto sugerido, la idea ambivalente para un inventario de pensamientos y sensaciones. Y una galería de imágenes conocidas que suscitan en el espectador el interés por interpretar el misterio de su existencia.

Así, Rosendo Cid juega con las condiciones de la posibilidad en Yo, que tantas pinturas he intentado ser. Su obra, ordenada en series, interpreta el trabajo artístico como proceso evolutivo, variable pero constante. Como una retroalimentación entre la imagen y sus infinitas realidades convertida en metáfora visual. Reflexiona sobre las huellas y signos de nuestra cultura proyectando, desde las leyes perspectivas de Leonardo y Alberti, una representación de su realidad creada extrayendo la imagen intervenida y apropiada en función de la exploración del concepto que suscita la alteración de sus formas. Borrando todo contexto sentimental.

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