Velocidad


Durante el pasado puente de agosto, la DGT promovió controles intensivos de velocidad y alcohol/drogas en las carreteras ourensanas. En la frontera verinense, un dispositivo de la Guardia Civil permitió localizar a 63 conductores que sobrepasaban los límites permitidos, alguno hasta velocidades demasiado altas, 177 kilómetros hora, incluso para una autovía. El debate de si el objetivo de la DGT es recaudar o prevenir es viejo pero se mantiene. La administración no ha hecho mucho por cambiar los límites de velocidad, salvo aquella iluminación de Rodríguez Zapatero de rebajar las velocidades máximas para ahorrar energía en lo más duro de la crisis económica. Pero no se abre el debate si algunos tramos de las autovías o autopistas, por la seguridad de su trazado y visibilidad, podrían superar el límite general de 120 km/hora. Quizás en la A-52 a su paso por Ourense -y más en el estado calamitoso que presenta su firme en algunas zonas, pese a los bacheados- no sea la vía más propicia para experimentar con la velocidad, pero podría haber tramos en los que sí fuese posible ampliar el margen. No sería seguramente un cortapisas para los delincuentes de la carretera, pero sí un voto de confianza para los conductores que, aun siendo prudentes, pueden superar la velocidad máxima actual sin generar peligro. Un problema diferente es el de los numerosos conductores extranjeros que cruzan la provincia -la mayoría en dirección o procediendo de Portugal- y que quedaban impunes si no eran localizados al momento. Sin dar carta blanca a los excesos de velocidad, una señalización flexible animaría el camino.

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