«Si a un viticultor no le compensa el precio de sus uvas, esto se acaba»

El portavoz de un colectivo de 37 productores de Ribeiro alerta sobre la falta de relevo generacional


ourense / la voz

Que exista una asociación de colleiteiros de vino del Ribeiro y que se note, que difundan lo que representan y que no se pisen entre ellos, aunque sean competencia, es una buena noticia. Como punto de partida. Brais Iglesias Álvarez (Ourense, 1986) es el presidente de este colectivo, en el que se integran 37 colleiteiros, es decir, bodegueros cuya producción se limita al fruto de su propio viñedo.

-Recogemos el testigo de una asociación que había nacido en 1998 y no acababa de despegar. Hace un par de años detectamos la necesidad de llevar adelante acciones conjuntas, tanto en el ámbito promocional, con asistencia a ferias, como a la hora de hacer compras: empezamos siete y ahora somos 37. La producción de los cosecheros representa un 8 % del conjunto del Ribeiro, pero si contamos todas las bodegas, sin distinguir por volumen, somos más. Solo las de la asociación sumamos un tercio del total.

-Siendo el colleiteiro una figura singular, con aportaciones impagables al prestigio del Ribeiro, solo tienen un vocal en el consejo regulador. ¿Es justo?

-Es lo que dice el reglamento.

-¿Cómo ve la situación del consejo? ¿Es bueno que un día se diga que el presidente se quiere ir y al otro que se quiere quedar?

-No, no es bueno. Lo ideal sería que se celebraran elecciones lo antes posible. Pero en la práctica no podrá ser hasta el año que viene, al haberse metido por medio unas autonómicas. Sería bueno aclarar dónde está cada cual y acabar con la incertidumbre actual. Ha habido cambios, en los sindicatos, por ejemplo, y no sabemos cuál es su representatividad. Por nuestra parte, si el presidente Felicísimo Pereira no puede sacrificar su tiempo, por sus ocupaciones como enólogo, bodeguero y colleiteiro, estamos dispuestos a ocupar la vacante.

-¿Qué importancia le da a que la presidencia del consejo la ocupe una u otra persona?

-Poca. Lo que nos preocupa es que venga una persona de visión cortoplacista, que se limite los problemas inmediatos y no mire más allá, sin ver la problemática real que amenaza al Ribeiro.

-¿Cuál es el problema?

-El mal endémico del Ribeiro no es tanto la política, o la situación del consejo, sino el relevo generacional, su falta. Cada año se pierden hectáreas de viñedo, porque hay viticultores que por razón de edad abandonan la tierra y los hijos no quieren continuar. No hay salario. Ni una seguridad. Levantarse todos los días para ir al campo es muy duro.

-Sin embargo, en su asociación, como alguna vez ha dicho, conviven hasta tres generaciones.

-Tratamos de que se mantenga una tradición, un perfil de productor muy asentado en el medio rural, con una propuesta más personalizada, más de historia, de familias y de generaciones que viven de esta actividad. Que ahora mismo haya tres proyectos de bodega en marcha, en esta línea nuestra, es gratificante, pero resulta claramente insuficiente.

-Ya que ustedes no compran uva, hable de precios...

-El viticultor tiene que cobrar lo que le corresponde. No puede ser que gaste más en sulfato de lo que gana, lo que obtiene como beneficio, lo que le pagan por la venta de uva a las bodegas. Si no le compensa, esto se acaba.

-O sea, que aboga por precios al alza. Igual su opinión no gusta a alguna de las grandes bodegas...

-No hay problema. Nos llevamos bien con todo el mundo. Cada cual tiene su papel. Nosotros defendemos los contratos homologados y la adecuada ordenación del sector. Queremos tener una competencia leal. Si una bodega compra la uva a un precio muy bajo, no solo afecta al viticultor. Podrá embotellar a precios muy bajos y eso nos acaba perjudicando. Nos gustaría que la mesa do viño tuviera más peso.

-¿Hay un ribeiro de bodegas grandes y otros de colleiteiros?

-Si y no. En el exterior sorprende que haya vinos de tres y de 20 euros, incluso dentro de la asociación, pero al final el vino habla por sí mismo. Tenemos cien marcas solo en el colectivo. Cada una es diferente. La singularidad es la esencia del Ribeiro.

«Sería deseable que hubiese más acciones conjuntas de los vinos de Ourense»

Brais Iglesias llegó a Val de Souto por el «interés que siempre tuve por el mundo del vino». Su tío José Manuel Blanco funcionaba sin distribuidores hasta que la crisis empezó a golpear con fuerza en el 2010. Él es, dice Brais, de la generación de vendía el vino en casa, que no tenía que salir. Eso se acabó. Brais se ofreció a echar una mano y en el 2013 consiguió colocar en Bélgica un tercio de la producción. En el 2014 acabaron haciendo una sociedad limitada. Este año ha ido a Corea del Sur.

-¿Mereció la pena?

-Se verá. Es un mercado emergente. Demandan cosas nuevas y es el momento. Si aprenden ahora que existe el Ribeiro, en unos años lo pedirán. Ir a mercados ya saturados, poco aporta.

-De China nos olvidamos...

-Totalmente. Solo les interesa volumen y precio bajo, casi piden granel. No pintamos nada allí. El mercado nacional, es verdad, está muy complicado. Nuestro objetivo es el sector hostelería, restaurantes, bares y tiendas especializadas. Nos falta volumen para entrar en alimentación.

-¿Ve factible que puedan unirse para atender bajo una marca la demanda de un tercero?

-No. Un embotellado del tipo «por para» no nos interesa.

-Las acciones conjuntas en el ámbito promocional, sin embargo, les están dando buen fruto.

-Es verdad. Y deberíamos ir más allá. Sería deseable dar un paso más y acometer acciones conjuntas de los vinos de la provincia. Un clúster del vino de Ourense sería una buena noticia. Somos demasiado pequeños. De Ourense, incluso de Galicia, diría, sin perder la identidad. Si Rías Baixas tiene subzonas, en Ourense tenemos cuatro denominaciones de origen. ¿Qué son diez millones de botellas de Ribeiro en un mundo de siete mil millones de personas? Hay mercado para todos. Europa invita a desarrollar acciones conjuntas.

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