«Hay estereotipos sobre la vejez que llevan a la exclusión»

Su tesis sobre ageismo y derechos humanos analiza la menor calidad asistencial que reciben los ancianos por el hecho de serlo

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ourense / la voz

A Ángel Martínez (Palma de Mallorca, 1960) siempre le gustó el campo legal y fundamentalmente los aspectos relacionados con la bioética y los derechos humanos, aunque su profesión es la enfermería y a ella lleva dedicándose toda la vida. Decidió estudiar derecho y este mes de febrero se doctoró con una tesis titulada «Ageísmo y derechos humanos en el contexto sanitario».

-¿Por qué eligió este tema?

-Me di cuenta de que había un avance en la investigación sobre el envejecimiento que yo podía unir a mi experiencia profesional. Siempre he trabajado mayoritariamente con personas mayores; primero en el CHUO, en cuidados intensivos y ahora en un PAC del rural. Yo me daba cuenta de que en ocasiones en la atención a estas personas se producen una serie de desajustes y quería buscar informes científicos y desde el punto de vista jurídico mover a la reflexión sobre este tema.

-¿La discriminación a los mayores es muy evidente?

-La discriminación por razón de edad es algo que se da en todas las sociedades a lo largo de la historia y eso nos impregna a todos, aunque no nos demos cuenta. Yo mismo me sorprendí hace unos meses con mi actitud. Me encontré con un señor de 90 años en la consulta y al terminar le pregunté si lo iban a venir a recoger. Me respondió muy sorprendido que él volvía al pueblo conduciendo en su coche. Yo había dado por hecho que el señor no conducía. Todos asumimos ciertos estereotipos, que pueden ser normales pero también pueden conducir a prejuicios, y eso es peligroso porque los prejuicios pueden producir marginación y exclusión. En el ámbito sanitario ese prejuicio se traduce cuando, por ejemplo, das por hecho que a una persona de cierta edad es mejor no darle un tratamiento. En la cuestión de edad, igual que en la de género, hay cosas que pasan desapercibidas porque vemos normales actitudes que en realidad no lo son porque acaban minusvalorando al paciente.

-¿Cómo por ejemplo?

-Algo muy habitual es tratarles con diminutivos o llamándole abuelo. Muchas veces se hace con cariño, otras por inercia, pero hay que replanteárselo. A esa persona le puede hacer sentirse menospreciado. La percepción personal de ser anciano no va necesariamente unida a la edad. En la Grecia clásica una persona de 55 años era un anciano. Hoy, y sobre todo en las últimas décadas, el envejecimiento ha cambiado muchísimo. Otro caso: cuando viene con acompañante, tendemos a preguntar a esa otra persona, ninguneándolo. También está el paternalismo, cuando tratamos al enfermo como un ser inferior, con todas las connotaciones que eso puede tener a la hora de quitarle la capacidad de decidir sobre su propia salud.

-¿Se puede llegar a provocar un daño físico o psicológico?

-Está estudiado que cuando se aplican prejuicios de exclusión hay consecuencias para la salud. Hay estudios, que yo incluyo en la tesis, en los que se ve que la discriminación por razón de edad conlleva una desigualdad en el tratamiento. En oncología, por ejemplo, está demostrado que las mujeres con cáncer de mama por encima de los 65 y 70 años responden muy bien a la quimioterapia; sin embargo hay estudios que dicen que las mayores de 70 años recibe menos dosis de quimioterapia. Parte del trabajo que he hecho es recoger esa evidencia científica de otros investigadores que demuestran que existe esa discriminación, sutil a veces, pero que se evidencia en los resultados de esos estudios en los que se plasma que existen tratamientos subóptimos, es decir, por debajo de la dosis adecuada.

-¿Porqué ocurre?

-Por varios motivos. El profesional tiene asumidos estereotipos sobre la vejez adquiridos de cuando estudió, pero si eso fue hace treinta años resulta que el concepto de vejez ha cambiado muchísimo. A una persona de setenta años hoy le pueden quedar otros veinte o treinta de vida. Es mucho tiempo para negarle que lo viva con calidad. Otro factor son los ensayos clínicos para investigación de tratamientos que tienden a no incluir a ancianos, así que cuando el médico tiene que darles un medicamento se encuentra con que no está probado en mayores. Esta es una cuestión que también afecta a mujeres y niños, que están muy limitados en los ensayos por los riesgos y connotaciones éticas. Se tiende a probar los medicamentos en personas que no reúnen las condiciones que luego, en práctica clínica, van a aparecer. Todo eso explica que a veces haya una deficiencia de tratamiento que no está justificada en la evidencia científica.

-¿Diría que los mayores tienen peor calidad en la asistencia?

-No digo que sea algo general, pero cuando se discrimina sí tiene consecuencias en una menor calidad de vida. La discriminación puede tener varios grados. A la gente le cuesta entender este concepto del ageísmo, pero es similar al sexismo o el racismo; que puede ir desde discriminaciones muy sutiles, hasta a agresiones.

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