El protagonista de la reprobación


En la práctica, la reprobación del alcalde de Ourense, Jesús Vázquez, no ha tenido ningún efecto, como tampoco lo tuvo la de su antecesor, el socialista Agustín Fernández, ni la del presidente de la Diputación, José Manuel Baltar. El gesto político, eso sí, ha servido para que se hable de cómo marcha el Concello de Ourense y de cómo debería marchar. En todo caso, letra pequeña. Si usted, como ciudadano, se ha buscado en los discursos de estos días solo se habrá encontrado entre líneas. Porque usted no es el centro del debate.

Las letras grandes y las palabras dichas en voz alta las han dedicado los partidos a jugar al Risk: estrategias, ataques, conspiraciones incluso y planes, muchos planes. En definitiva, de lo que han hablado estos días es de sí mismos, lo que deja bastante claro que han despejado a la ciudad de la ecuación. Esto es política, oiga, ¿quién habló de gestionar?

Será que aquí nos conocemos todos y que, claro, no cuela.

Con la reprobación Democracia Ourensana, Pérez Jácome en realidad, consigue lo que más le gusta: que se hable de él. Y haciendo algo que también le encanta: intrigar. Pero la moción de censura con la que lleva amagando desde que se estrenó el mandato no tiene como amarrarla, por ahora. Por eso acepta reprobación como animal de compañía.

El PSOE -que cuando acabe de escribir estas líneas estará más roto que cuando empecé, tal es la gravedad de su crisis interna- insiste en que la moción de censura no está en su agenda pero resulta imposible acallar el murmullo del «por ahora» porque ellos mismos se han encargado de darle de comer al rumor.

Por lo que se refiere al PP, el alcalde ha sido claro. «Hai ansias en DO e PSOE por repartirse a torta», dijo en La Voz. Lástima que la claridad no la ejerciera también, y sobre todo, en el pleno en el que parte de la oposición le señaló con el dedo (para metérselo en el ojo). Porque tendría que haber sido allí, en el Concello de Ourense, donde respondiera a los argumentos de quienes presentaron la reprobación y de quienes lo secundaron. Haberlo hecho hubiera puesto en valor su gestión. Porque la capacidad de trabajo del alcalde es algo innegable, se pongan como se pongan los que le quieren mover la silla.

Mientras tanto, y en lo que a esta guerra se refiere, Ourense en Común hace gala de su nombre y ofrece, al menos, algo de sentido común. «Se facer oposición é bloquear a cidade, non xogamos a iso». Qué gusto un poco de sensatez.

En definitiva, salvo excepciones, el cuento de la reprobación es un historia llena de personajes secundarios donde se le dedican pocas páginas al protagonista, que es usted.

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