77,7 millones de la Diputación para las 77 medidas de Baltar


La famosa frase de Alfonso Guerra cuando el PSOE llegó al poder en el 82 («El día que nos vayamos, a España no la va a conocer ni la madre que la parió»), podría parodiarla el presidente de la Diputación, Manuel Baltar: «El día que me vaya, a la Diputación no la va a conocer ni el padre que me la legó». Tras aquella mítica foto de Santi M. Amil en la portada de La Voz en la que el padre le daba un coliño al hijo tras su triunfo en el congreso del PP, parecía que el jefe de la saga dejaba todo atado y bien atado. Pero no ha sido así. Más bien al contrario. Desde el primer día, Baltar Blanco emprendió una tenaz labor de desanudar lo que durante dos décadas había enhebrado su progenitor. La institución que dirige el vástago en nada se parece, para bien de Ourense y de los 322.293 vecinos que quedan de los 435.579 que tenía la provincia cuando la saga se instaló en el poder, a la que gobernaba el padre. Si entonces disputaba los primeros lugares en caciquismo y arbitrariedad, ahora lucha por el podio en transparencia y legalidad. Esta semana, en la que se presentaron los presupuestos del 2016 y el manual del diputado, ha sido un ejemplo del giro positivo que le dio a la institución su nuevo patrón. Desde bajar su deuda del 116% al 32% actual hasta evitar despilfarros en hipódromos, empresas de urbanismo y saraos diversos pasando por regresar al Festival de Cine y a Expourense (¡que lujo tener en Ourense 39 países en Termatalia!).

Esta realidad inobjetable en la notable gestión no necesitaba mostrar a un presidente obsesionado en tildarse de number one. Alardea de ser el primero en hablar de gobierno provincial, el primero en designarlo, el primero en presentar los presupuestos, el primero en redactar un código de transparencia (para lo que contrató no a un amigo del PP, como era la norma, sino a un exdiputado socialista). el primero en presentar un manual para el diputado (encargado al jefe de campaña del PSOE y no a un colega del PP); el primero en presentar un ERE en una Diputación (con ayuda de un exdirector general del PSOE en el Concello de Ourense), el primero en?

La buena gestión de Baltar la devalúan alardes vanidosos y ocurrencias como la denunciada por Democracia Ourensana de hacer coincidir los presupuestos de la entidad pública con su número fetiche, el 7. Ya como delegado de Agricultura había llevado su pasión por el Real Madrid a decorar de merengue un despacho oficial como ahora le lleva a exaltar el 7 (el de Raúl y CR7) con los 77,7 millones de euros del presupuesto de la Diputación de los que, ¡oh casualidad! 47 se invierten en personal y gasto corriente, es decir, en retroalimentarse. Como antes había redactado 77 medidas para salvar Ourense (seguro que si las buscase encontraría otras tantas que no le vendrían mal a la provincia), nombrado a 7 asesores personales o dividido su gobierno en 7 áreas. El decoro institucional y la madurez política, debían llevar al presidente Baltar a dejar para el ámbito privado sus obsesiones numéricas aunque me temo que antes de hacerlo, divulgará el pasaje de la Biblia (Mateo 18, 21-35) que dice: «No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».

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