El «new deal» del presidente de la Diputación más joven

José Manuel Rubín SIETE DÍAS, SIETE VOCES

OURENSE

19 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Fue la semana de la entronización, esta vez sí, de Manuel Baltar como presidente de la Diputación. La herencia paterna, que le sentó en el sillón presidencial un lunes 6 de febrero del 2012, empieza a diluirse, aunque el poder siga emanando del granero de votos levantado por el progenitor durante dos décadas pródigas para la saga y cicateras para la provincia. A raíz del discurso y primeras declaraciones de quien quiere pasar a la historia como el presidente de los gestos teóricos, un new deal teórico emerge en el palacio provincial.

Él fue el primero en desarrollar una campaña propia a la presidencia, el primero en presentar un programa de gobierno de 77 medidas, el primero en reivindicar voto directo para acceder a la entidad, el primero en ceder la presidencia de una comisión a la oposición (norma de cortesía copiada del Congreso), el primero en nombrar portavoz (cuál Soraya Sáenz de Santamaría) para informar de los acuerdos de su gobierno y el primero, en fin, en profesionalizar la política en la Diputación dando dinero a diestro y siniestro. A los suyos, muchos de los cuales lo necesitan para vivir; y a los de enfrente (PSOE, DO y BNG) que saltan de felicidad porque consiguen con el hijo lo que no lograron con el padre: un sueldo. Mientras en A Coruña o Pontevedra, la izquierda pacta adelgazar competencias de las Diputaciones, en Ourense acuerdan engordar la nómina de los políticos con casos tan escandalosos como el del BNG que con un diputado, de 25, quiere embolsarse tres soldadas del erario público.

Gobierno y oposición se entretienen con su bolsillo y olvidan pequeñas realidades como que el archivo de la Diputación (sí, sí, la misma que tiene 30 ordenanzas para vigilar dos puertas y la misma que llenó su sede de centenares de familiares de jefes del PP) cierra en verano porque no hay personal para atenderlo.