«Non hai por que abandonar os cans por aí, poden traelos aquí»

Tres meses después de abrir, la perrera de A Rúa acoge a unos veinte perros


O BARCO / LA VOZ

La Dama y el Vagabundo debería de ser una historia difícil de idear hoy en día en la comarca de Valdeorras. Porque cada vez quedan menos perros vagabundos, abandonados a su suerte por sus amos en montes, cunetas o pueblos. O al menos su estancia en esta situación es cada vez más limitada. La puesta en marcha de la perrera comarcal, situada en A Rúa, ha conseguido quitar de las calles en poco más de tres meses a una veintena de canes, que comparten unas instalaciones nuevas y limpias en las que, además de recibir comida y servicios veterinarios, se llevan cariño.

Dos trabajadores se encargan del cuidado diario de los animales, que reciben también los servicios especializados de un veterinario cuando su salud así lo recomienda. Carlos y Marcos pasan en la perrera muchas horas a la semana, y aprovechan los ratos libres después de limpiar las instalaciones para sacar a los canes de paseo. El número ajustado de animales así lo permite, y ambos coinciden en señalar que los perros lo agradecen enormemente. «Cando haxa moitos igual non podemos, pero agora si; así que damos unha volta por aquí», cuenta Carlos mientras regresa a la perrera después de pasear por la zona con un chucho. A su lado Marcos maneja otros. Con ellos va una perra de grandes tamaño, a la que se le adivina una vida dura. Todavía se perfilan sus costillas a través de la piel, que se le pega, como acostumbrada a que entre epidermis y hueso no hubiese mucho antes. «En apenas cinco días engordou moito, cando chegou nin se mantiña en pé», cuenta Marcos. También ha ganado en confianza, al igual que los demás. «Algún segundo te ve xa pon a cabeza aquí [en el hueco junto a la puerta de cada jaula] para que a acaricies», dice Carlos.

También hay en la perrera perros que sus dueños han dejado allí. Es el caso de dos ejemplares. Es otra de las opciones que ofrece la perrera. «Se a xente non se pode facer cargo dos cans, e se quere desfacer deles, non fai falta abandonalos no monte, pode traelos aquí. Fáiselle un parte de cesión, pagan 35 euros, e queda todo rexistrado, xa non teñen responsabilidade algunha sobre o can», señala Marcos. Resalta que con esa medida se actúa en positivo para el perro, que no se queda perdido en medio de la nada; y que en el caso de las crías les aboca a una muerte casi segura; y se evitan posibles accidentes que puedan provocar los animales sueltos. Como es el primer año, no saben todavía cómo resultará la temporada de caza; y si, como en otras zonas, viene acompañado de un abandono importante de perros al remate.

Buscando familia

La perrera es mejor opción que el abandono, pero no es el sitio ideal. Por eso desde la instalación se fomenta la adopción. Es un trámite sencillo. Basta acudir a la perrera, ubicada frente al punto limpio, pasando el antiguo vertedero de inertes en la subida a Roblido. Es llegar, elegir (difícil resistirse a la mirada cómplice que ofrecen desde las jaulas) y pagar 40 euros. «O can xa vai co microchip e a cartilla, e tamén dado de alta no rexistro; o veterinario encárgase de todo», señala Carlos.

La perrera comarcal forma parte de la red provincial, a la que se adhieren los concellos que así lo quieran (pagando una tasa anual de un euro por vecino censado). Del oriente ourensano forman parte actualmente O Barco, A Rúa, Rubiá, Larouco, Petín, Vilamartín de Valdeorras, Vilariño de Conso, Manzaneda y San Xoán de Río.

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