El crimen del holandés de Petín, de las atenuantes a la impunidad

El Código Penal exime a los encubridores de delitos de familiares directos


Al crimen del holandés, que la Guardia Civil considera esclarecido con la detención de dos vecinos del muerto, aún le queda mucho recorrido en el juzgado de O Barco que instruye un asunto que ahora mismo aparece con la referencia homicidio/asesinato. Los presuntos implicados son dos, pero su intervención en los hechos, de acuerdo con la composición que se han hecho los investigadores y la fiscalía, es muy diferente. Tan distinta es que uno de ellos permanece en libertad y el otro, como presunto autor material de la muerte, se encuentra en prisión. Que todo el peso del Código Penal caiga en uno de los imputados y que el segundo —sin intervención directa en la muerte, según la tesis que maneja la Guardia Civil— llegue al final del proceso sin una condena, ni siquiera menor, es una de las posibilidades que se considera muy seriamente en medios conocedores de las interioridades de un caso cuyas actuaciones siguen secretas.

hallazgo casual

Disparos y fuego. Los detenidos son dos. El supuesto autor material, de acuerdo con la reconstrucción de hechos que plantea la Guardia Civil, es Juan Carlos Rodríguez, uno de los vecinos de la aldea de Santoalla, en Petín. Se encontraron en las inmediaciones de la aldea y le disparó. O lo esperó para matarlo, que es otra opción. Con posterioridad, dudas al margen sobre homicidio o asesinato, Julio ayudó a su hermano a deshacerse del cadáver de Martin Verfondern. Lo trasladarían en el propio coche del holandés hasta un lugar tal alejado, de tan difícil acceso, que incluso pasó desapercibido a la Guardia Civil durante el largo período de incertidumbre, desde su desaparición el 19 de enero del 2010. Solo la casualidad en forma de incendio forestal, sumada a la buena vista del piloto que desde el aire divisó los restos de un coche, dio con la pista clave. Desde un primer momento se barajó que fuese el coche del holandés. Se confirmó sobre el terreno. No tenía las placas de matrícula, pero al ser un modelo muy poco usual (incluso se dice que único) en España, fue fácil saberlo. Habían pasado cuatro años y cinco meses, pero, localizado el coche en un paraje de A Veiga, identificar los restos del fallecido no ha sido lo más gravoso.

A las diligencias, de todos modos, aún le queda mucho papel que añadir. Ahora es momento de empezar a atar cabos. Y delimitar responsabilidades.

el autor material

Delimitar la imputabilidad. Lo primero es delimitar el grado de imputabilidad del supuesto autor material, vinculado a su estado mental y a la discapacidad que le atribuyen quienes lo conocen. Ni al fiscal y a los abogados les sirven informes previos que pueda tener la administración, la impresión que transmita el propio Juan Carlos, o la amable y permisiva valoración de la viuda del holandés, Margo Pool, que resalta la discapacidad del encarcelado y se refiere a él como una persona con la edad mental de un niño de diez años. ¿Es imputable? ¿No lo es? ¿Su estado mental puede ser una eximente, total o incompleta, o una atenuante? Las peticiones de dictamen psiquiátrico y psicológico ya están cursadas. Lo dirán los forenses.

el apoyo

Exento de castigo. La perspectiva más llamativa es que la tiene por delante el segundo de los detenidos, a quien se atribuye haber contribuido a trasladar el cadáver y ocultarlo, para proteger a su hermano. Si en las investigaciones complementarias que se siguen no aparecieran nuevos indicios, el papel de Julio no pasaría del encubrimiento. Dice el Código Penal en su artículo 451 que será castigado con pena de prisión de seis meses a tres años, quien «con conocimiento de la comisión de un delito y sin haber intervenido en el mismo como autor o cómplice, interviniere con posterioridad» de diferente modo. Uno de ellos, «ocultando, alterando o inutilizando el cuerpo, los efectos, o los instrumentos de un delito para impedir su descubrimiento». Tal y como se dibuja la implicación de estos dos hermanos, el papel de Julio sería este, según la impresión de medios conocedores de la causa. El fiscal, de hecho, no llegó a pedir el ingreso en prisión para este hombre. La condena de seis meses a tres años se ve, de todos modos, reducida por razones de relación familiar. Quedan «exentos» como norma general, según el artículo 454 del Código Penal.

¿Hurto de uso de vehículo? ¿Quemar/profanar un cadáver? Son delitos prescritos, según las mismas fuentes. En esa segunda posibilidad, además, la pena de prisión no pasaría de 5 meses.

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