La Baixa Limia se queja de la falta de dinamismo del parque del Xurés

Políticos de la comarca lamentan la falta de interlocución y de proyectos


ourense / la voz

Han pasado más de veinte años desde la declaración del parque natural Baixa-Limia Serra do Xurés y cinco desde que la zona transfronteriza compartida con el parque portugués del Gerês fue considerada Reserva de la Biosfera por la Unesco. A pesar de ambos títulos, en la comarca que acoge el parque se observa cierta parálisis en la actividad de esta institución en los últimos tiempos, atribuida en buena parte por algunos representantes municipales a la ausencia de la figura de un director o directora que ejerza como interlocutor directo y más próximo que la relación que puede ofrecer el jefe de servicio de conservación de la naturaleza desde Ourense.

Salvo en Lobios, donde está la sede del parque natural, y a cuyo calor han surgido varios negocios turísticos que aprovechan la publicidad que la declaración del espacio protegido ha dado al municipio, en otros concellos del ámbito del parque lamentan que la institución no esté cumpliendo las expectativas creadas.

En Muíños, el alcalde Plácido Álvarez observa un deterioro en el pueblo de Salgueiros, después de la inversión de tres millones de euros que hizo la Xunta para comprar la finca en la que está enclavado este pueblo a los pies de los picos de Fontefría. El Concello promovió el pasado verano un campo de trabajo para darle vida a una aldea que parece sufrir un segundo abandono a pesar de los ambiciosos proyectos de convertirlo en un pueblo sostenible medioambientalmente con energías renovables y atractivo para el turismo. El regidor espera que los proyectos de voluntariado continúen, aunque para eso se tienen que implicar concellos y consellerías, opina.

Los responsables municipales no ven en los últimos años mucha utilidad práctica para los ciudadanos de las declaraciones de la Reserva de la Biosfera y a la propia declaración del parque y opinan que los vecinos no ven compensaciones a las diversas limitaciones que tienen que cumplir por estar en territorio protegido ni tampoco se sienten escuchados por los responsables que toman las decisiones.

En Entrimo, otro de los concellos que tiene parte de su territorio declarado como zona protegida -y por lo tanto sometida a ciertas restricciones en materia de caza, pesca o construcción- se observa que el parque actúa como una institución «latente». Su alcalde, Ramón Alonso, lamenta por ejemplo que no se haya querido implicar en el desarrollo del proyecto de las Portas do Xurés.

Tampoco los últimos concellos integrados en el territorio del parque ven cumplidas por ahora sus expectativas. «Os veciños non se queixan, pero nótase un certo descontento e que se podía facer algo máis», dice José Antonio Armada, el alcalde de Bande, concello que se incorporó en el año 2009, igual que Calvos de Randín y Lobeira. Algo parecido ocurre en Calvos de Randín, donde esperaban «bastante máis» de la integración.

«Chámanlle un parque sen cartos», dice su regidor, Aquilino Valencia. La línea de ayudas que el parque saca para pequeñas obras en los pueblos son «cousas mínimas», opina, y hasta ahora no se ve mucha compensación en su municipio respecto a las normas restrictivas que afectan por ejemplo a cualquier explotación agroganadera o del monte. «Baixo o meu punto de vista, queda moito por facer», dice el alcalde de Calvos de Randín. Ese «se podía hacer más» es un comentario repetido entre los políticos de la comarca.

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