«Veo con temor la situación del país y de los necesitados»

Vive en una residencia de San Rosendo y no necesita ayuda para la vida diaria


ourense / la voz

Nació el 14 de abril de 1914, poco meses antes del inicio de la Primera Guerra Mundial y de la apertura al tráfico del Canal de Panamá. Hace cien años que Adolfo Vázquez Novoa vio por primera vez la luz. Y fue en Zarracós, en el concello de A Merca, «muy cerca de Corbillón», dice. Adolfo recibió ayer una gran sorpresa en la Residencia Alameda, de la Fundación San Rosendo, en la capital ourensana. Allí reside desde hace cuatro años. Su nuera y su sobrina, Charo Fernández y Marité Conde, se acercaron al centro para participar, junto con los residentes y las enfermeras, de una fiesta que hizo que se le saltara alguna lágrima, seguramente recordando a su mujer y a su hijo, que ya no viven. Especialmente emotivo fue el momento en el que sopló las velas de su tarta.

«Es una persona maravillosa, muy amable, aquí lo queremos mucho. Tiene la cabeza perfectamente y se vale por sí mismo», explicaba una enfermera, que recordó que es la primera persona que cumple 100 años en este centro, al que acuden únicamente mayores válidos, aquellos que no necesitan ayuda para las tareas diarias.

Mientras soplaba las velas y recibía los primeros regalos, una de las trabajadoras le dedicó unas palabras. «Cumples un siglo de felicidad», le dijo, para hablar después de la experiencia adquirida durante estos años. «No me lo esperaba, estoy muy contento. Es toda una sorpresa», acertó a decir Adolfo tras las primeras felicitaciones.

Le gusta mucho pasear: «Me divierte, aunque lo hago menos de lo que quisiera por que cada día me cuesta un poco más, pero siempre procuro salir un rato. Hago una vida normal». También vive informado, ya que le gusta conocer lo que pasa en la ciudad y en el mundo. Estar al tanto de la actualidad, además de jugar a las cartas, ocupa buena parte de su tiempo. «Veo los informativos en la televisión y procuro estar informado de todo lo que sucede. Me preocupan mucho los asuntos políticos y veo con temor la situación del país, de España, y de los más necesitados», explicó.

Dice que desde 1914 le han pasado muchas cosas. Es guardia civil jubilado: «Pasé por Ciudad Real, A Coruña y Ourense y fue aquí en donde me jubilé». La música es una de sus grandes pasiones. «Siendo niño aprendí música. A los 9 años ya tocaba el bombardino y recorrí toda España», relata. Una afición que culminó participando en la banda militar, de la que formó parte.

«Cien años rodando es mucho tiempo, son muchos recuerdos. Y la guerra», dice. De ella poco quiere hablar, solo la nombra.

Adolfo siempre está sonriente, dicen las personas que comparten ahora todos los días de su vida. «Es una excelente persona, el mejor, aunque hace alguna trampa a la cartas», explicó una compañera. «Nunca ha tenido una discusión con nadie. Es un hombre muy tranquilo y muy amable».

Adolfo Vázquez se convirtió ayer en el primer centenario de esta residencia ourensana. Un hecho que pone de manifiesto una tendencia: cada vez vivimos más años y en mejores condiciones.

adolfo vázquez ayer cumplió 100 años

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