«Estudiar en Nueva York era un sueño, ¡y me han seleccionado!»

El joven trivés superó las pruebas de acceso entre 3.000 aspirantes


O BARCO / LA VOZ

Escuchar a su madre tocar el piano despertó su curiosidad, así que con apenas seis años Fabio Álvarez (A Pobra de Trives, 1988) ya empezaba a mover los dedos entre las teclas. «Con ella aprendí lo más básico», recuerda quien ahora cuenta los meses que restan hasta agosto, cuando hará las maletas con destino a Nueva York para realizar sus estudios de máster en la Escuela de Música de Manhattan, una de las más prestigiosas del mundo. Por el medio, mucho esfuerzo y trabajo que Fabio da por bien empleado una vez que va viendo cómo se cumple todo aquello que soñó cuando con 17 años empezó sus estudios en el conservatorio medio de Ourense. «Soñaba con ir a Musikene [donde estudia ahora] y después a Nueva York, así que se está cumpliendo todo», dice.

Aquellas primeras nociones aprendidas junto a su madre le llevaron a la escuela de música trivesa, donde también estudiaba la progenitora. Allí Fabio tocaba el piano, pero también la gaita gallega y la guitarra española. «Vamos, los tres instrumentos que había», resume.

Formación

Decidió después formalizar su formación, así que tocó traslado al conservatorio de Ourense. Estudió en la capital con Purificación Iglesias, y remató su formación con sobresaliente. Ya entonces, el joven que barajaba como posibilidad estudiar medicina, decidió que quería hacer del piano su profesión. Rematar el grado con sobresaliente y lograr plaza en el Musikene de San Sebastián demostró que iba por buen camino. «Ahí supe que mi carrera iba bien encaminada -dice- y que todos los esfuerzos y las horas de ensayo habían valido la pena».

Cuatro años más tarde está a punto de obtener su título, precisamente en plena polémica de si se le otorga calificación de grado por Bolonia o no. Una polémica que no le es ajena. «Refleja lo que pasa, que no hay conciencia del esfuerzo que es esta carrera; que no se quiera llamar grado es desprestigiar nuestro trabajo, hacerlo menos que el que puede hacer el que estudia un ingeniero o un maestro», dice. Una situación que asegura no se produce en otros países. «En algunos, un pianista es una persona más respetada que un médico, se le reconoce el trabajo; aquí todavía hay quien te pregunta qué es lo que haces además de tocar el piano, como si los ensayos de 14 horas no fueran suficientes», añade.

A Estados Unidos

Con su grado (o como se llame finalmente) se irá en agosto a Estados Unidos para seguir su formación. Escogió el país por el idioma -su dominio del inglés se lo forjó a base de obligarse a ver cine y series en versión original, y leyendo mucho- y porque la School of Music de Manhattan siempre fue su sueño. En febrero se fue cinco días a hacer pruebas de acceso a tres universidades y esta misma semana supo que le habían admitido en la que siempre había tenido en el punto de mira. Ha logrado una plaza a la que aspiraban 3.000 personas. «Es un poco una lotería, porque todo el mundo va muy preparado; pero se ve que le gusté», señala divertido.

Allí pasará dos años, inicialmente. Después quiere hacer el doctorado, y sueña con combinar ser profesor con poder tener una gira concertística. ¿En España? «La situación cultural nuestro país es muy mala. Si hay recortes en sanidad y educación, ¿qué no habrá en cultura? No creo que sea aquí».

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