«Don Ramón quixo beber a auga de Trasalba antes de morrer»

La propietaria de la librería atesora anécdotas y recuerdos del escritor


ourense / la voz

El Grupo AuriaNós organizó unas jornadas de puertas abiertas en la casa donde vivieron Otero Pedrayo y Vicente Risco. El último día del programa se llevó a cabo una visita guiada para autoridades y representantes institucionales. Marina Diz Domínguez participó en la cita aportando recuerdos, vivencias y anécdotas de la amistad que mantuvo con Otero Pedrayo y su mujer. Desde su librería, en el bajo de la casa, Marina Diz se convirtió en testigo privilegiado de uno de los centros culturales más importantes de Galicia: la casa de Don Ramón.

Llega Marina Diz a la cita cargada con fotos de cómo estaba la librería que llevaba su nombre en los tiempos de esplendor: grandes estanterías para albergar los tomos de la Gran Enciclopedia Gallega y las colecciones de Salvat, profusión de materiales a la venta y mucha clientela. También una foto suya posando en la Praza do Ferro: «Vino un fotógrafo a hacerle unas fotos a Don Ramón para un reportaje y le dijo que me hiciese una sentada en la fuente de la plaza. Y después me trajo de regalo una copia en grande, con su marco y todo». La librería que llevaba su nombre estuvo abierta al público 42 años «de ellos 33 trabajando los domingos. Y tenía cola en la calle; era la época en la que venían a cambiar los tebeos, a por los cromos, por los fascículos de Salvat. Y yo tenía de todo: desde disfraces de carnaval a lo que hiciese falta».

Marina Diz recuerda la amistad que mantenía con el patriarca de las letras gallegas y su mujer: «Bajaban y siempre me decían, Don Ramón y Doña Fita, ?¿Marina cómo estoy?? o ?¿Qué tal voy así?? y yo les decía lo que me parecía al verlos». Anécdotas guarda para dar y tomar, alguna con soporte gráfico incluido, como la vieja nevera estropeada que tumbaron en las escaleras de la casa para recoger el agua de una gotera -los cubos se hacían insuficientes-. En la foto se observa un cartón debajo del petador de la puerta del intelectual: «Es que yo subía todos los días a ver cómo estaba y me dejaba notas: ?Marina, hay que hacer esto? y yo iba a hacer el recado».

Un día estuvieron de visita Conde Corbal y García Sabell, entre otros, y el pintor le dijo: «Mire cómo está, y qué cosas se le ocurren, que le apetece agua de Trasalba. Con la del grifo seguro que le llega, que no se va a dar cuenta. Mi marido y yo cogimos el coche, un 850 -Seat-, y allá fuimos. Él tenía en casa las jarras en las que le traían la leche y las llevamos. Llegamos con el agua y le pusimos una señal roja a la de la entrada; en la otra venía la del pozo. La bebió del cacharro y dijo: ?¡A agua da entrada da casa de Trasalba!? y con la otra igual: ?¡Esta é a de dentro!?. Las conoció. García Sabell comentó: ?¡É a sede da morte!?. Y al día siguiente murió».

72 años

Jubilada.

«La calle de la Paz y la librería donde estuve 42 años. Aquí fui feliz. Si no fuera por cumplir la edad de jubilación, seguiría en el negocio».

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