Una pica ourensana en Flandes

Se marchó hace años con una beca y ya es profesora universitaria


ourense / la voz

Nunca se planteó que su futuro estuviese en Bélgica, pero ahora no piensa en volver a su tierra. A Patricia Losada Pérez (Ourense, 1981), el destino, y su talento, la han ido llevando por un camino que nunca planificó y que la sitúa en la ciudad de Hasselt, donde a sus 32 años ya ha conseguido una plaza de profesora. Además es miembro investigador del departamento de Termofísica de la Universidad Católica de Leuven y del Instituto de Materiales de la Universidad de Hasselt.

Antes había estudiado en el colegio Padre Feijoo-Zorelle hasta 1999. Ese mismo año empezó la carrera de Física en la Facultad de Ciencias del campus provincial, que terminó con premio extraordinario en el año 2004. En 2005 obtuvo una beca del Ministerio de Educación para realizar un doctorado en termodinámica durante el cual realizó una estancia en la Universidad Católica de Lovaina.

En mayo de 2009 se doctoró en Física y enseguida le llegó una oportunidad laboral. Apenas dos meses después la Universidad Católica de Lovaina le ofreció trabajar en el departamento de Termofísica como investigadora posdoctoral. «Me fui porque me surgió esa oportunidad antes de doctorarme y pensé que vivir en el extranjero una temporada y trabajar en una universidad con tanta tradición como la Católica de Leuven sería una experiencia enriquecedora», asegura.

«La verdad es que nunca había sentido especial interés por Bélgica, país del que solo conocía su monarquía, su escuela de pintura flamenca, su chocolate y su cerveza. Cuando llegué apenas recordaba que, a pesar de ser un país tan pequeño, existen tres lenguas oficiales (francés, flamenco y alemán) y que hay grandes diferencias entre las dos comunidades mayoritarias (francesa y flamenca). No podía imaginarme que en un futuro no muy lejano Bélgica sería mi lugar de residencia y mi segunda casa», recuerda ahora.

Su primera pica en Flandes la puso Patricia en la ciudad de Leuven (Lovaina), donde realizó su estancia doctoral. «Es una ciudad con una tradición universitaria de más de 500 años que está llena de bicicletas que en España serían consideradas pieza de museo, aunque funcionen. La pérdida de tu bicicleta, bien por robo o porque la policía se las lleva si están mal aparcadas, está a la orden del día. En cuatro años yo ya he tenido seis».

Con 42.000 estudiantes, de los cuales 4.000 son de doctorado, muchos de ellos extranjeros, Patricia tuvo allí la oportunidad de hacer un multicultural grupo de amigos que todavía conserva.

En Hasselt, ciudad en la que recayó posteriormente, ha culminado su adaptación y, de paso, ha podido conocer curiosos rituales. «Cada año se celebra el festival Hasselts Genever Feest en el que una pequeña fuente en el centro de la ciudad echa ginebra en lugar de agua durante dos horas. Es muy interesante y divertido ver el ritual de la conversión de agua en ginebra. Otra cosa que me encanta es salir de trabajar en diciembre e ir a tomar un gluehwein (vino caliente) con los compañeros al mercado. Es algo así como ir de tapas pero más entrañable», asegura.

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