El PSOE intenta cerrar el curso rebajando su hostilidad interna

Escenifican el acercamiento con la ausencia de Rodríguez Dacosta


ourense / la voz

Trivial como es una comida de fin de curso de un grupo municipal, la que ayer celebró el PSOE abona no pocas especulaciones. Poco dados en los últimos tiempos a este tipo de encuentros, públicas como son sus diferencias, el hecho mismo de que hayan compartido mesa supone un avance en la maltrecha imagen que arrastran los socialistas de la capital. Solo faltó Alfonso Vilachá, el último en llegar. Sus razones de tipo familiar sonaron creíbles. Todos los demás se resignaron. Cero general en entusiasmo. La comida, dicen, fue lo más parecido a esos instantes compartidos en un ascensor, en los que se puede hablar del tiempo, o de lo lento que va todo. Con regalito y tarta, porque estaba de cumpleaños José Ángel Vázquez Barquero. También Agustín Fernández tenía algo que celebrar, pero era más familiar y se lo reservó.

En clave política, el paso atrás lo dio el núcleo más próximo al alcalde, con distinto tipo de protagonismo entre los dos demonios que abiertamente señalan desde el otro bando.

Uno, Antonio López Vallejo, el asesor del alcalde heredado del anterior regidor, Francisco Rodríguez. Se instaló en una esquina, protegido por Marga Martín, José Carlos Martínez Pedrayo y Áurea Soto. El hecho de que durante la mañana hubiese vaciado prácticamente el despacho que desde hace seis años ocupa en la primera planta de la casa consistorial, un signo que anticipa su más que probable salida, compensaba a los pachistas su presencia. La llamada crisis del ron y la ginebra le debe mucho. A quién más, a Susana Bayo, por haber hecho algo tan inaudito como pedir por registro las cuentas de su propio grupo (y continuar como concejala, pero ese es otro asunto). Pero también a López Vallejo, de quien querían prescindir los concejales más alejados del entorno del alcalde, con el fin de dedicar sus retribuciones a rebajar la deuda mancomunada que todos tienen con NCG Banco por un préstamo de la pasada campaña. Asistió López Vallejo, pero la perspectiva de su marcha alivia al sector de Antonio Penín, Devesa, Bayo, Mónica Vázquez y Alfonso Vilachá. Queda por ver si ya no regresa de sus vacaciones, si se incorpora y se marcha en septiembre, o si, como estaba «previsto», tal abandono se consuma en octubre.

Dos, la secretaria de la agrupación local, Carmen Rodríguez Dacosta. La directora xeral de recursos humanos, nombrada en una junta de gobierno a la que no asistió ni un solo representante del sector llamado pachista, dejó pasar la cita en el Asador de Roa. Por escalafón debería haber estado, pero no lo hizo, haya sido por decisión estrictamente personal, o por razones de interés colectivo.

Ha sido un curso especialmente difícil. Sobre todo para el PSOE, condenado a gobernar en minoría desde el terremoto de la Operación Pokémon, que de una tacada rompió el bipartito PSOE-BNG y abrió una brecha sin solución en el seno del grupo socialista, con un grupo de concejales de manifestación, mientras el otro se alejaba del escenario de forma ostensible mientras Francisco Rodríguez sufría los rigores del calabozo. La crisis del ron y la ginebra aumentó la distancia hasta límites solo tolerables por alguien con sangre tan fría como la del alcalde Agustín Fernández.

Con el debate sobre el PXOM ya asomando, en medios políticos municipales se plantea como gran incógnita ver cómo actuará la concejala Áurea Soto, si López Vallejo abandona el despacho y se aleja del Concello.

crónica política

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