La Pokémon rompió los planes y acabó con la estabilidad política

El PSOE encara la segunda etapa obligado a tejer pactos con la oposición


ourense / la voz

Iba a ser un camino de rosas el mandato de la actual corporación. Todo eran sonrisas y felicidad el día 11 de junio del 2011, cuando se constituyó. Aunque la sintonía entre socialistas y nacionalistas no era óptima, crecidos los primeros por haber ganado aquí votos y concejales en contra del descalabro generalizado del PSOE, dolidos en el BNG por haber perdido medio grupo para bajar de seis a tres concejales, la perspectiva de cuatro años de gobierno los animaba a todos. Ni por asomo se podían imaginar qué oposición iban a tener. Ni mucho menos intuir la tormenta que en la madrugada del 20 de septiembre del 2012 lo ennegreció todo. Detenido a la puerta de su casa, incomunicado y con dos noches de calabozo grabadas para siempre en su memoria, la excepcional situación que vivió Francisco Rodríguez acabó con todo. Al igual que el exconcejal del BNG Fernando Varela, el exjefe de la policía local, el representante de una de las empresas (Vendex) sobre las que gira la investigación judicial y otro funcionario municipal, todos imputados, espera al levantamiento del secreto de sumario. Volver a la primera línea de la política es algo que, en privado, descarta.

la judicialización

Imputaciones varias. La nueva corporación traía otras caras. Por un lado, un PP renovado y más incisivo en las formas. Por otro, un grupo nuevo, Democracia Ourensana, con dos concejales, que, como repetidas veces ha dicho la socialista Áurea Soto, son como un apéndice del PP. Con programa o sin él, otro de los reproches habituales que reciben, los representantes de DO acudieron a los juzgados tan pronto detectaron sospechas de ilegalidad. Las cuentas de la propaganda institucional, la gestión del servicio de ayuda a domicilio y algún asunto más de urbanismo han trillado el camino desde la praza Maior al palacio de Justicia. Marga Martín, Áurea Soto y Antonio Rodríguez Penín están imputados en distintos casos.

el escándalo

Los gastos impropios. Cuando la concejala socialista Susana Bayo pidió al alcalde por escrito, con sello del Rexistro Xeral del Concello de Ourense, las cuentas de su propio grupo municipal, abrió la puerta a lo que luego se transformó en el escándalo del ron y la ginebra. Los socialistas cargaban en sus cuentas tiques de supermercado, con gastos tan poco políticos como ron, whisky y ginebra, al parecer para fiestas privadas con el exalcalde. Luego también se supo que los populares se dejaban parte del dinero en comidas y en propaganda; los nacionalistas pagan el alquiler de la sede de la organización en la calle Concordia y Democracia Ourensana abona a Localia la cuota correspondiente para disponer de tiempo de antena en su televisión privada. La polémica dejó como sobremesa una reprobación al alcalde, a la que él no concede relevancia.

los proyectos

El AVE. Entre la Pokémon, las peleas internas y la crisis económica, aun cuando el Concello de Ourense disponga de liquidez, unas cosas se han perdido y otras se han olvidado o han perdido fuelle. La nueva estación de Norman Foster, que era una de las banderas del PSOE, no interesa al Gobierno. Hasta sus antiguos socios le han dado la espalda en este asunto. Ni tren neumático, ni menú a tres euros, ni jardín botánico, ni siquiera presupuestos en tiempo y forma, pues, invariablemente, se presentan y aprueban fuera de plazo.

los retos

UN PXOM racional. El gran objetivo del actual mandato, que lleva bien encarrilado la concejala de Urbanismo, es dotar a la ciudad de un nuevo Plan Xeral de Ordenación Municipal (PXOM). Salvo imprevistos, en septiembre se presentará. Su aprobación requiere de mayoría. Y ahí tiene el alcalde otro de sus grandes retos. Recomponer relaciones y lograr una mayoría suficiente. O hace el camino de vuelta con el BNG, o con apoyos puntuales del PP.

Los dos años de mandato de las corporaciones municipales están dejando luces y sombras en la mayoría de los casos. El equilibrio es diferente. En un entorno de crisis económica generalizada, con un sector de la construcción que ha frenado en seco su progresión de los últimos años, con una muy significativa caída de ingresos, limitada la capacidad de contratación, sin propuestas alegres como la que en su día representó el Plan E, la gestión municipal se limita en muchos casos a la pura supervivencia. El momento es difícil, pero no faltan ni ganas ni tampoco imaginación entre la mayoría de quienes gobiernan los 92 municipios de la provincia de Ourense.

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