Un empresario de su tiempo

«En política, la honorabilidad, la honestidad, no se puede discutir»


ourense / la voz

Eladio Tesouro Romero (Paderne, 1940) tiene claro dónde está el éxito. Por la parte que le toca, por la suma y por el resultado, su familia. Hombre de empresa desde muy joven, con los pies siempre en la tierra y con la cabeza bien amueblada, también se dejó seducir por la política en el momento justo. Estuvo en primera línea mediados los años ochenta del siglo pasado, cuando accedió al Parlamento de Galicia en la cuota liberal de la Coalición Popular. Vivió en directo la caída de Fernández Albor y pasó de estar en un grupo que era gobierno a quedar en otro, que era el mismo aunque más reducido por las fugas, relegado a la oposición durante el mandato de González Laxe. Él fue el mediador en un último intento de evitar el cisma, cuando Coalición Galega tenía la llave. Las heridas que había abierto la ruptura de Centristas de Galicia, con animadversiones personales irresolubles, hizo inútil su papel. No tenía arreglo. Es el pasado y cae muy lejos no solo en el tiempo. También en los modos. Tesouro lleva años alejado de la política activa, aunque sigue la actualidad. Y la sufre. «Es increíble todo lo que está ocurriendo. Me sorprende que los dos grandes partidos no sean capaces de entenderse y dar ejemplo de honestidad. Hay cosas que no se discuten. En una empresa, si un gerente no funciona, se va. En la política debería ser igual y la honestidad, la honorabilidad, no se puede discutir», proclama. Y lamenta, de paso, el panorama.

Eladio es y ha sido, por encima de todo, un empresario de su tiempo. Ágil. Después del bachillerato en Cisneros, marchó a Madrid a preparar oposiciones para lo que entonces se llamaban contadores del Estado. Pronto empezó a trabajar en la capital. Arrancó su vida laboral en Protección y Asesoramiento, dedicada a la asesoría de empresas en los ámbitos laboral y fiscal. Curtido en la delegación de A Coruña y posteriormente entre Lugo y Ourense, decidió que había llegado el momento de volar solo. Desde una pequeña oficia, de poco más de cuarenta metros cuadrados en la calle Florentino Cuevillas, a finales de los sesenta se estrenó al frente de una asesoría laboral y fiscal. El viento empezó a soplar a favor. Negocio llama a negocio y Eladio Tesouro conoció el sector inmobiliario desde la presidencia de Fincresa. También el sector financiero. Al abrigo del grupo Generalli entró mediados los setenta en el mundo de los seguros, que le ha dejado 25 años como presidente del colegio profesional de mediadores en Ourense y una medalla al mérito, concedida por un Gobierno del que era vicepresidente Rodrigo Rato y reconocida en el BOE. Una inevitablemente apresurada referencia al empresario, casi siempre discreto, obliga a situarlo en 2007 como socio del sólido proyecto industrial de la Eólica de Panamá, que, una vez en marcha y cumplido el intenso trabajo de preparación y desarrollo, fue adquirido por la banca de aquel país.

Se muestra feliz. Y vuelve a la familia. Su mujer, Haydee González, siempre a su lado. Y sus hijos: Margarita, abogada, su mano derecha; Eladio, inspector de Hacienda en Madrid, en la senda que en su día había buscado el padre y donde, nunca se sabe si para bien o para mal, no acabó de instalarse. «Llevé la vida que quise e hice lo que me gustaba. Ahora, con cuatro nietos, que pase lo que Dios quiera», concluye. Los adora.

Tengo 72 años.

Profesión

Empresario.

Mi rincón

«El puente romano, porque es nuestra historia. Los Salesianos, porque soy devoto y porque allí estudian mis nietos, que me rejuvenecen».

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