Treinta clubes de alterne están operativos en la provincia

Cerca de 2.500 mujeres ejercen la prostitución en Ourense


ourense / la voz

El negocio de la prostitución se mueve desde siempre entre el vacío legal y la doble moral de una sociedad que no da los pasos para legalizarla, pero tampoco para prohibirla. En esa especie de limbo se mantiene desde siempre un negocio difícil de cuantificar, pero con beneficios que aunque resentidos por la crisis, siguen siendo generosos.

Aunque en las últimas semanas se han oído algunas voces que piden el cierre de negocios asentados en diversas localidades de la provincia, la existencia de clubes en los que trabajan centenares de mujeres -algunos informes oficiales hablan de unas dos mil quinientas en toda la provincia- es una realidad que parece difícil de aparcar.

Controlados de cerca por las autoridades policiales, que no pueden más que vigilar si se producen episodios de tráfico ilegal de mujeres o si existe inmigración clandestina, en la provincia, sin contar la capital, están registrados treinta locales. En ellos trabajan un número indeterminado de mujeres que, según fuentes conocedoras, se rotan entre unos y otros. Once de esos clubes, algunos con nombres como Felinas o Gran Rancho, se encuentran en la comarca de Verín y en los lindes con la frontera portuguesa, ya que en el país vecino la prostitución sí es ilegal.

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