Drogas, filosofía y superstición

El escritor Fernando Savater dio en Ourense, en la clausura de unas jornadas de Cruz Roja, su visión de las prohibiciones


ourense/la voz.

Fernando Savater, para alivio de una sociedad ahogada por lo políticamente correcto, dice lo que piensa. Pero es que además, y ahí está el mérito, también piensa lo que dice. Ayer clausuró las jornadas nacionales sobre drogodependencias celebradas en Ourense y lo hizo pronunciando en voz alta las palabras que otros no se atreven ni a pensar. Contracorriente, como suele ser habitual en él. Sembrando la duda, para promover la reflexión.

«Es habitual que se quiera curar a alguien que no quiere ser curado; y que el quiere curarse, no tenga quien le cure», explicó el escritor antes de hacer un repaso al consumo de drogas desde una doble perspectiva, histórica y filosófica.

Habló también de la primera lucha contra la droga. La batalla librada en territorio estadounidense no tenía como inspiración la salud si no la xenofobia, apuntó Savater antes de repasar un catálogo de estupefacientes internacional: el opio de los chinos, el alcohol de los irlandeses o la marihuana de los mexicanos.

Y aprovechando que estaba argumentalmente al otro lado del charco dio su versión sobre el origen del consumo. «En Estados Unidos, antes de la Ley Seca, no bebían en las fiestas. Empezaron a beber con la prohibición, que es ese elemento de ruptura, de provocación, como hoy ocurre con otras drogas».

Fernando Savater aseguró que es la persecución de las drogas lo que ha generado el negocio que las rodea. Citando al economista Milton Friedman definió la droga como la mercancía perfecta. «Cuanto más se reduce su presencia en el mercado más se incrementa su demanda y más sube el precio. No tiene otra opción que crecer», señaló. No cejó el filósofo en su empeño de remover las conciencias y de promover el debate y lo hizo poniendo al límite conceptos como prohibición y transgresión: «Ya nadie vende ginebra a las puertas del colegio. Se venden otras cosas».

¿Y los narcotraficantes?

Para Fernando Savater -que filosofó como suele ser habitual en él- el delito es, en realidad, superstición. Viene de la falta de información y de la falta de conocimientos. Y señaló con el dedo a aquellos a quienes les interesa seguir manteniendo la ignorancia, al menos en todo lo relacionado con el tráfico y consumo de estupefacientes. «Nadie es más celoso de la prohibición de la droga que la mafia. Los narcos pero también los persiguen a los narcos. Porque si se acaba la droga se acaba su medio de vida», dijo casi escandalizando a los asistentes a su conferencia, la mayoría profesionales de los servicios sociales comprometidos con arreglar los desperfectos que, por unos motivos o por otros, causa la droga. A ellos, eso sí, el escritor vasco les reconoció su trabajo: «Hay que ayudar a las personas que padecen ese consumo incontrolado llevados por el atractivo oscuro de la prohibición pero también debemos poner distancia para hacer una reflexión y hacer público el disparate». En opinión de Savater, cuando los ciudadanos de dentro de cien años -o de doscientos- echen la vista atrás y analicen la prohibición del consumo de drogas pensarán lo mismo que se piensa ahora al recordar, por ejemplo, la censura de libros en diferentes momentos de la historia. «Como racionalista que soy sé que la superstición desaparecerá. Lo malo de esta, la de la droga, es que está causando muchos daños personales», concluyó mientras asentían con la cabeza los asistentes a las jornadas sobre drogodependencias de Cruz Roja que de eso -de los efectos de aquella causa- saben. Y saben mucho.h

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