«Hay que tener alma especial para cantar fado. Yo me vacío cuando lo canto»

Trajo de Portugal la sensbilidad de la música y contagió a los ourensanos con las canciones «de la melancolía»


Muchos han conocido A Chavasqueira después de que se recuperasen sus termas. No es el caso de María do Ceo Fernandes Faría (Oporto, 1960). En 1979, recién llegada de Portugal con su familia, vivió en una casita de este lugar. Hoy decenas de personas disfrutan de los manantiales del lugar, ella lo hizo del río, sin importarle mucho si aquello sería lo que es hoy, una escapatoria lúdica y saludable. «Cruzaba en verano el Miño nadando hasta la otra orilla, en Reza, como si tal cosa», dice ella, consciente de haber corrido algún que otro peligro porque «llegué a ver gente ahogada».

María do Ceo, conocida y reconocida cantante de origen luso, se ha dejado adoptar por Ourense «y hoy soy una más». Pero no siempre fue así. Su padre, pintor que había trabajado en los interiores del edificio del Banco de España, vino a la capital en la búsqueda de mejores perspectivas laborales. Seis meses después llegó toda la familia, entre ellas María do Ceo, la mayor de cuatro hermanas. No le hizo mucha gracia «tener que dejar en Portugal familia, amigos, colegio» y demás entorno personal.

Aquí tuvo dificultades de adaptación: «No nos engañemos, a los portugueses se nos miraba muy mal». En el colegio «se reían de mí porque hablaba portugués y eso me acomplejó mucho». No se amilanó, se superó y decidió «aprender castellano como un alumno más». Y lo consiguió, hasta el punto que, salvo algún giro en su expresión, tiene un acento un tanto neutro.

La música

Vino a este mundo con la música en su código genético porque «eso lo traes cuando naces». Es autodidacta. No hubo una academia de OT en su vida, ni siquiera enseñanzas en el conservatorio «porque mi familia era muy humilde y no me lo podía pagar». Incluso la directora del colegio de Xinzo aconsejó a sus padres una formación especializada, pero no pudo ser. Luchó, y cantó. Se tuvo que buscar la vida y, antes de poder vivir de la música, trabajó en un supermercado. Fue una de las voces de Coral de Ruada durante ocho años pero era incompatible con su faceta de solista en solitario.

No olvidará su primer concierto en un local del casco histórico y desde entonces contagió al público ourensano «el alma del fado». Este género «es un estado de ánimo, una forma de ser, el alma melancólica, vitalista, que lo llena todo, pero siempre con una tendencia a la melancolía», según María.

Ha echo adaptaciones a ese sonido de clásicos tan venerados como Negra Sombra y es capaz de interpretar temas en gallego, castellano y portugués. Ahora que el debate lingüístico retoma actualidad, sobre todo por la dialéctica política, María do Ceo concluye que «a la gente les gusta mucho más la música si el público entiende lo que les cantas».

El escenario

Un músico interpreta en un estudio de grabación con el único fin de poner en el mercado su creatividad. Se encierra días o semanas con sus músicos y del laboratorio va el producto a las tiendas. Un escenario es distinto. Las tablas y los directos encumbran, pero también pueden condenar a los infiernos. María do Ceo se crece ante el público. Lo quiere ver de cerca, sentirse querida, observada, tener su aliento cerca, por eso, como ella dice, «hay que tener alma especial para cantar fado. Yo me vacío cuando lo canto».

Reconoce que llora cuando interpreta, «por eso me canso mucho más y acabo agotada». Su carrera se jalona ya con ocho discos y a punto está de salir el noveno. En su última criatura hay catorce canciones, de las que cuatro llevan letras de Ramón Cabanillas. También hay «un guiño a Mercedes Sosa» con la canción Alfonsina y el Mar («por la blanda arena/que lame el mar/su pequeña huella/ no vuelve más»). Pero también hay diez canciones creadas por la propia María do Ceo o una dedicada al Xacobeo y acompañada por Cristina Pato al piano.

Como oyente se deja seducir por María Bethânia, Caetano Veloso, María Dolores Pradera, Carlos Cano, pero también por Pink Floyd o algo más contundente como Deep Purple. ¿Qué canción no falta en su repertorio? Por ejemplo Lela , con letra de Castelao («están as nubes chorando/ por un amor que morreu/ están as rúas molladas/ de tanto como choveu»). Pero también La Lágrima , Negra Sombra , Piensa en mí y tantas otras.

No han faltado en aquel concierto que no olvidará: una puesta de sol en Egipto, con las pirámides al fondo y dejándose acompañar por la Real Banda de Gaitas. Para el recuerdo quedan actuaciones en el Teatro Falla de Cádiz, la Iglesia de los Amantes (Teruel) o los Alcázares de Sevilla. ¿Un sueño?: «Actuar en el Olympia de París». Seguro que lo cumplirá.

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