Divisas nazis en la orilla del Támega

La red empresarial que bajo el nombre Sofindus poseían los nazis en España tras la Guerra Civil, incluía dos sociedades afincadas en Verín dedicadas a evadir capitales


Nada queda en la memoria del vínculo que unió a la villa de Verín durante los años cuarenta con el III Reich alemán, que con un carácter más robótico que humano, quiso imponer su credo político, social y físico, en el resto del mundo. El lazo lo recuperó el historiador y periodista, Eduardo Rolland, primero en su libro Galicia en guerra y después en formato de documental, renombrado A arañeira.

El doble resultado de este trabajo está sustentado en las horas que su autor invirtió escaneando in situ los documentos oficiales de ayuntamientos y ministerios, que rastreaba para obtener como cosecha un preciso trabajo iluminado con el encanto de la historia y despojado de la rigidez oficialista de la burocracia previa. Rolland recoge en su trabajo que en 1945 las empresas afincadas en Verín, Edesio Fuentes y Fuentes y José Gorostiza y Estrada, pertenecían a Sofindus (Sociedad Financiera e Industrial), un tupido y complejo imperio formado el 22 de diciembre de 1939 por unas 350 empresas que fija sus ojos en Galicia por la importancia de sus puertos, la extracción de wolframio y por la presencia de empresas tapadera, que resultó un hervidero de agentes que operaban en la clandestinidad, con la permisividad de un régimen en deuda moral por la ayuda militar bávara durante la Guerra Civil.

Sofindus

Empresas como Estudios y Explotaciones Mineras Santa Tecla, emplazada en Vigo, y Explotaciones de Minas de Galicia y Montañas de Galicia, servían igual que las ourensanas para enviar divisas de dinero nazi, manejando el capital de sus operaciones mercantiles de importación y exportación. Además de empresas como las aseguradoras Plus Ultra, La Constancia o La Victoria de Berlín, existen también entidades financieras como o Deutsche Bank, junto a compañías mineras o navieras, que reparten sus sucursales por todo el territorio gallego. Estando al frente de su gestión espías y agentes de los servicios secretos alemanes que desarrollaron operaciones de inteligencia, hecho que al finalizar la II Gran Guerra se probó cuando funcionarios de la Dirección General de Seguridad y del Ministerio de Asuntos Exteriores, entregaron a representantes de la embajada americana e inglesa los locales de las dependencias estatales alemanas.

Enemigo común soviético

Amparados por el poder económico del nacional socialismo, los agentes nazis inician además una fuerte campaña de propaganda. La opinión pública española era receptiva al mensaje hitleriano, que en muchos puntos comparte el ideario del franquismo. Además, son miles los jóvenes que se alistan a la División Azul y que lucharán en el frente del este, contra el enemigo común soviético.

En la trama consta el hecho de que la embajada alemana y el consorcio Sofindus aportan dinero para subvencionar a periodistas que alimentan a la prensa con artículos que prodigan las grandezas do III Reich.

Al finalizar el conflicto bélico mundial, los aliados elaboran listas negras que se encuentran en el archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores y están recogidas en 69 carpetas, cada una con 150 expedientes particulares, lo que suponen 9.000 individuos y empresas de origen nazi, que sufrieron el bloqueo de sus bienes para evitar un IV Reich.

El balcón hacía Iberoamérica que oferta Galicia fue el camino de huida de los nazis, tanto exiliados como procedentes de los búnkeres de Berlín bajo los que se escondían durante sus últimos días de vinos y rosas el régimen nazi.

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