La Reina Roja explica a Alicia que, en su reino, hay que correr todo lo posible, simplemente para permanecer en el mismo lugar. Esta metáfora se suele utilizar en economía para ganar nuevas cuotas de mercado, ya que la incorporación de nuevas innovaciones obliga a los líderes a avanzar de manera persistente con el objetivo de no perder su ventaja competitiva. También la suelen utilizar los países. Analizando la situación actual observamos un ejemplo de dicha consideración en el libro Alicia a través del espejo.
La IA parece estar entrando en dicha fase. Las empresas líderes siguen luchando por captar financiación e incrementando sus planes de inversión a fin de superar las dudas existentes sobre su sostenibilidad financiera. Esto es, aumentan sus gastos en infraestructuras e innovación, aunque con una escasa evidencia en cuanto a los retornos de dichas inversiones para las empresas, usuarios y expectativas de beneficios. De ahí que se extiendan afirmaciones como las siguientes «la mayoría de las explicaciones sobre el inusualmente prolongado auge del sector tecnológico, se centran en el extraordinario crecimiento de los beneficios empresariales y en el entusiasmo de los inversores ante el potencial de la IA. Pero, estos factores no bastan para entender por qué los inversores han estado dispuestos a pagar múltiplos de valoración tan elevados». Los análisis de evaluación no llegan, todavía, a certificar si se ha alcanzado la frontera tecnológica, si se puede mantener durante mucho tiempo el ritmo inversor o si los clientes pueden afrontar costes/gastos más elevados por su utilización. Es idéntico al escenario de la Reina Roja: «Correr cuesta lo mismo, pero la ventaja dura menos».
¿Quién captura las rentas de dichas inversiones? La respuesta está en quien consiga convertir esa innovación en beneficios sostenibles y constantes. Se dice que la inversión en IA está entrando en una dimensión extraordinaria. Pimco (líder mundial en gestión de inversiones en renta fija) estima que el cápex (gastos de capital) de los cincos grandes hiperescalares alcanzarán los 690.000 millones de dólares este 2026 y se prevén 870.000 millones en el 2027. Así las cosas, el bum de la inversión empieza a necesitar más financiación externa. Pimco estima que las nuevas deudas de las mencionadas cinco empresas necesitarán 136.000 millones de dólares en lo que llevamos de año. Es aquí donde aparece el verdadero riesgo. Sin poner en duda ni el éxito ni el fracaso de la IA lo que verdaderamente asusta en que la inversión vaya más deprisa que los beneficios y de los flujos de caja que deban remunerarla. O, de otra manera, si ese riesgo se desplazara hacia créditos privados o productos estructurados, más difícil será identificarlo Entonces sí que estaríamos engordando una burbuja.
Se abren interrogantes sobre las políticas de innovación. En Europa nos hemos dedicado a construir un campeón europeo capaz de competir con los rivales americanos y chinos. Pero, ahora, se han dado cuenta que lo relevante será incorporar la IA, de forma masiva, en el tejido productivo. De ahí la siguiente pregunta ¿La UE necesita ganar la carrera tecnológica? ¿O será preferible convertir la economía europea en el mejor armazón para incorporar la IA y, con ello, ganar competitividad? Dejemos que EE.UU. y China se mantengan entretenidos en correr la carrera de la Reina Roja apostando por innovar constantemente para no perder el liderazgo; y que Europa gane consistencia para ser más efectiva y productiva.