Pedro Sánchez ya no está de vacaciones. Ahora, por fin, da la cara en un medio amigo y explica su verdad de todo lo ocurrido en Ceuta. Una versión que no despeja una gran cantidad de dudas, pero que, cuando menos, es una versión. Hasta entonces solo hubo una visita a la carrera y un goteo de ministros que de mala gana aterrizaron en la ciudad norteafricana y se fueron como alma que lleva el diablo. El abandono al que han sometido a los ceutíes ha sido total e indecente, como si el Estado no tuviera para con ellos las mismas responsabilidades que con el resto de ciudadanos de la península.
La imagen del Gobierno en esta crisis ha sido la de un Ejecutivo sin pulso, superado por las circunstancias y que solo comenzó a espabilar a medida que se terminaban las vacaciones. De hecho, su única reacción temprana fue para exculpar de todo a Marruecos, obviando que la avalancha de inmigrantes que invadió Ceuta no hubiese podido ocurrir sin un impulso desde el país vecino. Por acción o por omisión, Marruecos tiene una clara responsabilidad en esta crisis, sin duda una de las más grandes que se ha vivido desde que se instauró la democracia. Y, por lo que sea, España no se atreve a incomodar al reino alauí.
Pero lo más sorprendente de todo ha sido la justificación que Pedro Sánchez ha dado. Una cosa es que nuestro presidente vaya pisando huevos con todo lo que tenga que ver con Marruecos y otra muy diferente es echarle la culpa al maestro armero. Ayer, descargó todas las responsabilidades del ataque a la integridad nacional (así lo calificó él mismo) a Israel, Rusia y la internacional ultraderechista. Delirante. Estas explicaciones son la prueba definitiva de que al líder del PSOE se le están acabando las ideas. El Gobierno no solo no tiene pulso, sino que además se repite como el ajo al echar la culpa de todo a los de siempre. Su argumentario ha convertido a todos sus miembros en cacatúas que repiten «ultraderecha» a todas las horas, como si los ultras tuvieran a día de hoy alguna responsabilidad en la gobernanza de este país. Lamentablemente, lo que de verdad está sucediendo es que la inacción, el no suspender las vacaciones y todos los desatinos mostrados están alimentando a aquellos agitadores que solo buscan el cuanto peor, mejor. Los radicales de derechas se frotan las manos con el juego que les está dando nuestro presidente y sin duda son los grandes beneficiados políticamente de esta emergencia nacional.
Hace mucho tiempo que en el PSOE están preocupados por la deriva a la que está llevando Pedro Sánchez al partido. Las últimas encuestas hablan de que a día de hoy apenas alcanzaría los 100 diputados. En las filas socialistas se han sorprendido viendo a su líder escondido tras los muros de La Mareta y dejando que el problema de Ceuta se enquistara de tal forma que ya es un clamor lo que hay contra la gestión del Gobierno. Echar la culpa de todo a la ultraderecha ya no es suficiente. Y, para colmo, la toma con el rey. Una posición carente de inteligencia.