Los trenes neerlandeses frente a los de Galicia

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

Un tren averiado por la rotura de un pantógrafo en la vía Monforte-León.
Un tren averiado por la rotura de un pantógrafo en la vía Monforte-León. CARLOS CORTÉS

Hacía más de dos décadas que no visitaba los Países Bajos. En mi memoria estaban grabadas las imágenes (que he vuelto a disfrutar) de enormes pastizales verdes, donde hermosas y limpísimas vacas frisonas pastan tranquilamente. Granjas impolutas tan integradas en el paisaje que solo pueden distinguirse de las viviendas de los agricultores por su longitud y la ausencia de flores en las ventanas. Multitud de canales y ríos surcando la planicie ganada metro a metro al mar y bosques frondosos de caducifolias. Nada de feísmo. Un paisaje bucólico pero muy duramente trabajado en un país en donde los ganadores y los agricultores tienen un importantísimo peso económico y político, con ingresos que no tienen nada que envidiar a los de cualquier profesión liberal. El trabajo duro se recompensa generosamente, tal y como debe ser.

En los cascos históricos, hermosas casas de hasta casi cuatrocientos años y no más de tres o cuatro plantas, sostenidas bajo el agua por pilares de madera, al igual que en Venecia. Fachadas simétricas, algunas ligeramente inclinadas al ceder los pilares después de tantos años, pero todas de un ladrillo en tonos grises y teja oscuro. Las normas estéticas de construcción rigurosamente respetadas. Y, por supuesto, los ciclistas, quienes tienen preferencia sobre las personas y los vehículos. Embarazadas, personas de edad avanzada, jóvenes profesionales con traje de chaqueta y tacones, padres empujando un carrito con sus hijos, todo el mundo parece moverse en bicicleta.

Pero lo que sin duda me admiró y me sigue admirando es su sistema de transporte público. Es cierto que Madrid es una ciudad muy bien conectada, pero los Países Bajos están en otro nivel. Una estudiante universitaria de Ámsterdam me comentó que todos los días iba a clase a Utrecht en tren y que solía tardar menos que sus amigos que se movían en la propia ciudad. Poco más de 58 kilómetros en 18 minutos, con frecuencias cada 10 o 12 minutos a lo largo del día, salvo desde las 23.55 hasta las 6.00. Esta interconectividad es extensible hasta los pueblos más remotos. Obviamente, la planitud holandesa hace muy fácil construir vías, pero es sobre todo la actitud y la planificación lo que importa. Hay que ofrecer un servicio puntual, de calidad y ecológico. Puede que los trenes precisen limpieza, pero que el conductor del tren que conecta el aeropuerto de Schiphol con Ámsterdam te pida disculpas por megafonía por los 2 minutos de retraso me dejó estupefacta. El tiempo del pasajero es oro. Igualito que en Galicia, donde parece que tanto Renfe como el ADIF tienen acciones en la AP-9 y por eso recortan frecuencias, en un diseño irracional y con retrasos tercermundistas.