Las cartas marruecas

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Miembros de la Cruz Roja reparten bolsas de comida a los inmigrantes en una playa de Ceuta.
Miembros de la Cruz Roja reparten bolsas de comida a los inmigrantes en una playa de Ceuta. Reduan | EFE

Ya quisiera tener el don de José Cadalso para escribir otras cartas marruecas en este agosto abrasador y turbio. Ya quisiera elevar mi opinión y hacer ver mi crítica exhaustiva sobre los malos hábitos y defectos de España (eso son las Cartas marruecas de Cadalso). Pero viendo cómo está el país, el nuestro y el de al lado, solo se me ocurre redactar esta epístola: «Querido amigo, espero que al recibo de la presente te encuentres bien. Yo, a Dios gracias, no puedo quejarme. Te imagino ufano y orgulloso por el gran éxito obtenido con vuestra avalancha en Ceuta (dicen que fueron ochenta mil los que un principio eran solo cuarenta y nueve mil o menos). Nunca nos habíais humillado tanto, ni siquiera en aquel tropel que denominaron la Marcha Verde. Nuestro Gobierno, el español, también ha presumido de su notable éxito en la gestión del asalto. A mí, créeme, hablar de éxito, de uno u otro lado, cuando perecen cien personas me parece una vergüenza, pero yo solo soy un escritor irrelevante de la periferia, o sea, un don nadie. Ahora ya os hemos entregado el Sáhara (la izquierda ya no parece polisaria). Nosotros y los americanos, tan interesados en apretar el cuello de la España presidida por Sánchez, estamos de vuestro lado, tan leales. Bastó una visita del presidente a Argelia hace unas semanas para demostrarnos el poder de Marruecos, inmenso, sin duda. Vuestro poder y nuestra insignificancia. Habéis ganado. Y tarde o temprano Ceuta y Melilla serán marroquíes. Es el diferencial demográfico el que os beneficia. Aunque los ceutíes quieran ser españoles, porque así ha sido históricamente (la gran parte de la historia moderna y contemporánea), la batalla está perdida. Y tan perdida. Disculparás mi atrevimiento por sesgar tímidamente lo que tú piensas (Ceuta y Melilla, marroquíes), pero creo que todo esto avanza hacia una cosoberanía. Ni Feijoo, que ya llega, nos salvará de ella. Ceuta y Melilla serán primero españolas y marroquíes y, más tarde, serán solo vuestras, marroquíes, faltaría más. Imagino que estarás mínimamente preocupado por Europa, por si mete las narices. Todo serán fuegos de artificio. Cosas de la Unión Europea, tan frágil. Estados Unidos, Trump, quiere el control total del estrecho de Gibraltar. No levantará el pie. Con el Reino Unido de aliado principal, solo le queda una Ceuta marroquí. Lo conseguirá. Por lo demás, estimado amigo, te ruego que no nos pisoteéis más. El ministro del Interior está en vuestra mano. El de Exteriores, también. Y el presidente, qué te voy a contar que tú (y Pegasus) ya no sepas. Imagino que algún día descubriremos qué ha sucedido en realidad entre Marruecos y España en los ocho años de gobierno progresista. Yo no puedo saberlo. Permíteme terminar esta epístola alabando vuestro proceder, porque cuando el enemigo es tan débil, lo decía Marco Aurelio, solo queda morder. Un saludo». No creo que Marco Aurelio profiriese tal sofisma.