El cielo, el Sol y yo, que soy de izquierdas
Mañana voy a hacer algo que, hasta hace unos días, no contemplaba ni en sentido literal ni en ningún otro: Voy a ponerme cara al Sol. Que nadie saque conclusiones precipitadas. No he cambiado de ideas. No he tenido una revelación política mientras tomaba el café ni me he levantado una mañana con una repentina nostalgia de cosas que la historia, por higiene democrática, debería mantener convenientemente archivadas.
Sigo siendo de izquierdas. Roja, incluso. Y bastante a gusto con ello. Pero resulta que mañana el cielo ha decidido ponerme en una situación comprometida. Tendremos un eclipse total de Sol, uno de esos acontecimientos que consiguen que, durante unos minutos, levantemos la vista del móvil y recordemos que ahí arriba pasan cosas bastante más impresionantes que cualquier discusión en redes sociales.
La Luna se interpondrá entre nosotros y el Sol, y el día, durante un breve instante, se permitirá el lujo de parecerse a la noche.
Y yo quiero verlo.
Así que allí estaré, mirando al cielo. Cara al Sol.
Lo escribo y todavía me hace un poco de gracia. Porque las palabras tienen memoria. Algunas frases arrastran detrás toda una biografía histórica, aunque una intente utilizarlas en su sentido más inocente. Pero, mira tú por dónde, ha tenido que venir la astronomía a conseguir lo que determinadas ideologías no lograrían ni con una campaña de publicidad de veinte años: que yo me ponga voluntariamente cara al Sol. Eso sí, con las gafas puestas. Las homologadas, por supuesto. Porque una cosa es la curiosidad científica y otra acabar en urgencias por querer vivir el eclipse con demasiada intensidad. Mirar directamente al Sol sin la protección adecuada no te convierte en una persona más valiente. Solo puede convertir una experiencia astronómica en una visita poco deseada al oftalmólogo. Por eso, mañana, si alguien me ve mirando hacia el oeste, que mantenga la calma.
No me he vuelto de derechas. No estoy atravesando una crisis ideológica. No he decidido cambiar de color. Estoy viendo un eclipse. Y será, probablemente, la única vez que me ponga cara al Sol de manera completamente voluntaria. Será por la Luna. Por la ciencia. Por esa maravillosa costumbre que tiene el universo de recordarnos, de vez en cuando, que no somos el centro de absolutamente nada. Durante unos instantes, el Sol desaparecerá detrás de la Luna, y muchos de nosotros nos quedaremos mirando hacia arriba, pequeños, silenciosos y un poco maravillados. Después, la luz volverá. Y yo volveré a mirar hacia donde me dé la gana. Porque una cosa es mirar una estrella, y otra muy distinta, cambiar de ideas. NÍa Godo.
Críticas al islam
En el debate actual sobre la crítica al islam llaman la atención dos problemas fundamentales que dificultan una discusión objetiva. Por un lado, las críticas legítimas al islam o a determinados desarrollos problemáticos se califican con demasiada frecuencia y de forma reflexiva como «racismo antimusulmán». Esto crea un tabú que sofoca de raíz el necesario debate social.
Por otro lado, falta por parte de los musulmanes moderados que viven aquí una postura clara, unida y perceptible. Un distanciamiento firme y colectivo de los atentados terroristas de los últimos años apenas tiene lugar en la esfera pública.
A causa de este persistente silencio, en muchos ciudadanos surge inevitablemente la impresión de que tales actos tal vez sean tolerados, o incluso aprobados tácitamente, dentro de la comunidad. Pero tal vez solamente me esté equivocando en mis pensamientos. Ojalá. Michael Ayten. Renania PalatinadO (Alemania)