Carballo dos Gafos, árbore senlleira de Galiza

Cartas al director
Cartas al director CARTAS AL DIRECTOR

OPINIÓN

A bandeira de Galiza, a gran enseña da comunidade
A bandeira de Galiza, a gran enseña da comunidade ANA GARCÍA

O árbol de Galiza

Velai como un faro que alumea o camiño dos peregrinos a Santiago, a carón das brañas do río dos Gafos, fica un carballo centenario, que agora os de Vaipolorío, con moita razón, queren que sexa árbore senlleira de Galiza para protexelo e coidalo o día en que eles, que o tratan con moita tenrura e agarimo, xa non poidan facelo como ata agora: coidando e protexendo as súas raíces con cordas arredor para que a xente e os ciclistas non as danen, pois sobresaen da terra polas enchentes do río.

Xa é o símbolo dos peregrinos do Camiño Portugués, que, ao atopalo de súpeto alí, no medio do sendeiro, quedan abraiados da súa beleza. Din os rumorosos, que saben da historia do río, que algúns peregrinos moi ousados soben á súa copa e, dende o seu cumio, aseguran que poden verse as torres da catedral de Compostela. Baixan con máis folgos ao pensar que xa están moi preto da súa meta. Luce vizoso e cada día medra máis; suponse que debido a que ao seu carón ten as saudables augas do río e bebe del. Ata agora ignorado por todos nós, grazas a Vaipolorío, que o puxo en valor, é un dos tesouros do río dos Gafos máis visitados. O seu veciño, o Estripeiro, a árbore máis vella do río, síntese orgulloso del e lembra con nostalxia cando só era un garabullo de pau que axiña había levar o vento; agora case roza o ceo.

Todos os anos, ao chegar o outono, cando caen as follas das árbores e mudan de cor, as xentes da asociación Vaipolorío apañan un feixe de flores ventureiras e colócanas no tronco do carballo grande, a carón das Brañas, como se fose un peto de ánimas, en recordo dun dos seus membros máis queridos: Amancio Castro, o druída do gafos, que xa non está con nós e foi quen nos descubriu a riqueza da flora e da fauna do río. Antón Roel Villanueva. Pontevedra.

  Nómadas y emigrantes

Qué está ocurriendo respecto a la falta de humanidad con esos miles de personas que salen de sus países en busca de un futuro mejor, queriendo alejarse de la miseria económica y de la falta de libertad o de mortíferos conflictos armados. Son ciudadanos inocentes y, sí, pobres, sin nada más que lo puesto. Esto a alguna gente insensible, narcisista y miserable la transforma hasta no tener ningún tipo de consideración por los migrantes.

Las personas, desde el principio de los tiempos, han sido nómadas. Emigraron hacia otros lugares con mayores y mejores oportunidades. Actualmente esa migración, lógicamente, tiene que ser regulada y bajo unos controles administrativos y sanitarios adecuados, pero cuando la desesperación apremia hay avalanchas de ciudadanos, principalmente del continente africano donde se vive en precarias condiciones laborales, económicas y sociales, con regímenes poco democráticos y conviviendo con conflictos armados permanentes.

Sobran las palabras y poco más hay que decir ante la hipocresía y el cinismo de tanta gente miserable e inhumana. José Manuel Pena. Ribeira.

  Condolencia 

Resulta que por una coincidencia en el nombre y apellido de la persona fallecida fui a un velatorio. Con mucha educación entré en la sala señalada y sin motivo alguno uno de los dos hijos de la difunta me echó fuera.

Nunca me pasó algo igual en mi vida. Yo me pregunto qué mal se puede hacer. No cabe duda de que el hombre era una persona sin educación y que estaba malhumorado por algún motivo que desconozco. Una pena. O.M.

 Ingenua juventud

«Si nos invaden por el sur, aquí tardarán en llegar», comenta un joven a sus amigos entre risas. Ingenua juventud, la de unos y la de los otros. Tanto los que llegan como los de aquí.

Todos estos muchachos jóvenes parecen desconocer la velocidad del hambre y la miseria. Solo de momento. Y muchos de ellos no tienen ni la más remota idea del poder que la manipulación de los tiranos puede ejercer sobre ellos. Desde un palacio, desde una isla o desde cualquier otro lugar mueven sus hilos como si de marionetas se tratara. Así de fácil, sin percibirlo.

Va a ser verdad aquello que decían los autores clásicos de que solo hay un bien que es el conocimiento, y un mal: la ignorancia.

Ya sabemos a que lado cae la balanza. Cuando la sociedad no prepara a su juventud, esta será más fácilmente manipulable por los poderes de turno.

Siempre son vulnerables en mayor o menor medida, a ambos lados de la frontera. Pero más en la tierra de la que huyen, aunque sea la suya. M.J. Vilasuso. As Pontes.