Imitar a la naturaleza

OPINIÓN

Foto de archivo de mejillones en un barco auxiliar de una batea gallega
Foto de archivo de mejillones en un barco auxiliar de una batea gallega MARTINA MISER

En estos más de 37 años que La Voz acoge mis colaboraciones en sus páginas, he escrito, en ocasiones, sobre investigaciones científicas encaminadas a obtener productos útiles para la humanidad y que se parecen a los que ya existen en la naturaleza. En junio de 1995 les explicaba que un equipo de la Universidad de Washington estaba estudiando la estructura de la seda de una araña, tratando de averiguar su composición con la finalidad de aprender a sintetizarla. En enero de 1997 les decía que el velcro es el nombre comercial del sistema de cierre con ganchos y rizos, que imita a la naturaleza. Su invención se inspiró en los carrapitos, como se llamaba en el Maside de mi niñez a los que también se conocen como arrancamoños, amores de hortelano o lapas.

Hoy quiero hablarles del pegamento de mejillones, un trabajo desarrollado por A. Buíncas en el Suplemento Terra, de La Voz (30-6-26). Es bien sabido que los mejillones se adhieren con fuerza a las rocas, a las cuerdas de las bateas, a los cascos de los barcos, etcétera.

Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de la Universidad de Zaragoza, se ha basado en el adhesivo de los mejillones para desarrollar un hidrogel bioactivo que podría sustituir a los puntos de sutura quirúrgicos y reemplazar las suturas convencionales para cerrar heridas. El producto se encuentra en la etapa preclínica, buscando que pueda utilizarse en los seres humanos.