La odisea de los saharauis

OPINIÓN

Campo de refugiados saharauis de Ausserd, Tinduf (Argelia)
Campo de refugiados saharauis de Ausserd, Tinduf (Argelia) EUROPA PRESS | EUROPAPRESS

Que un director de cine tan importante como el señor Christopher Nolan haya rodado parte de su película La Odisea en territorio ocupado del Sáhara Occidental sin tener en consideración la situación de ocupación que sufre este país desde 1975 es tanto una situación penosa como una paradoja, en una obra como la compuesta por Homero en la que el legítimo dueño de un país vuelve tras décadas de lucha y encuentra a los que saquean, usurpan su soberanía y, acosan a su esposa y su hijo, que defienden con los medios de que disponen la memoria del reino.

Parece que la industria del cine, igual que muchas otras industrias, se sirve en el banquete de los pretendientes a devorar las riquezas del Sáhara Occidental, usurpar el territorio, y expulsar a los legítimos dueños del país, los saharauis, que llevan ya cincuenta años intentando recuperar su tierra en una lucha más larga y penosa que la de Ulises, unos saharauis que no vuelven de ocupar y destruir una Troya lejana, sino que fueron invadidos a sangre y fuego por Marruecos y Mauritania con el apoyo vergonzoso del Gobierno español. Igual que Ulises no olvidó a su familia y su tierra, deberíamos ayudar al pueblo saharaui contribuyendo a que no se olvide la situación que sufren desde hace ya generaciones. Cuando vean en esta película a Ulises con Calipso, recuerden que están viendo la duna blanca de Dajla , en la parte del Sáhara Occidental ocupada por Marruecos, parte de la Ítaca a la que luchan por volver en libertad los saharauis desde hace ya medio siglo. Emilio Eiroa Pereira. A Coruña

Sin novedad en los montes

Como todos los años vemos pasar una retahíla de incendios que solo preocupan a los de siempre, pero sirven, a otros, para sacar fotos intentando demostrar lo que no se demuestra con hechos. Personas que pierden sus hogares, sus tierras, enseres, ganado. Y quedan solos. Solos ante algo que por desgracia ya es cíclico y que, para más desgracia, nadie quiere poner coto. Nuestros labradores jóvenes deberían ser formados en el manejo de la maquinaria que se necesite para limpiar el monte, al coste que sea y con un sueldo como nuestros militares. Nuestra UME, con su capacidad y profesionalidad más que demostrada, se revela impotente y desbordada ante tal magnitud de incendios. Nuestros ejércitos deberían en esta época del año estar vigilando con drones, que resultarían más baratos que ciertos puestos de trabajo. Pero, claro, antes hay que hacer el trabajo sucio de mantener limpio lo que queremos defender, el monte. Andrés Niságuila. Pontedeume