«Es incomprensible que tras la ejemplarizante sentencia de la Manada se multiplicasen las violaciones en grupo»
OPINIÓN
Diez años de la Manada
Se cumplen diez años del caso de la Manada de Pamplona, que acabó judicialmente con cinco sevillanos, visitantes de los sanfermines del 2016, condenados a 15 años de cárcel cada uno por violación múltiple de una joven madrileña. Quienes nos leímos las 370 páginas de la sentencia, incluyendo el muy fundamentado voto particular que cuestionaba la falta de consentimiento de una víctima sin lesiones físicas, nos hicimos una idea de lo que pudo suceder y que divergía de los hechos probados de la sentencia. (Quienes además visionaron algún vídeo de lo sucedido fueron aún más tajantes en la divergencia). Pero las rabiosas movilizaciones del poderoso feminismo progresista lograron su fruto ante un caso como aquel: una chica muy joven, víctima de cinco desalmados sevillanos, de los que uno era guardia civil y otro militar. De haber incluido también a un terrateniente y a un torero, aquello hubiera merecido un premio Goya al guion ideal. No cabe duda de que estos desgraciados actuaron como unos cerdos aprovechándose de la situación de la joven, y de que su infamia no merecía que se fueran de rositas; pero de ahí a que les cayeran 15 años de prisión, hay mucho voto particular que ignorar. Pero lo que resulta incomprensible es que, tras el bombo mediático que se le dio al caso mediante una durísima y ejemplarizante sentencia, se multiplicasen las violaciones en manada con terribles daños físicos a las víctimas. Y sin embargo, fue entonces cuando comenzaron a ocultarnos información sobre el número de casos y la identidad de sus nada sevillanos autores. Miguel Ángel Loma Pérez. Sevilla
Estimado señor Feijoo:
He leído con pesar sus declaraciones sobre el gran número de trabajadores que se encuentran de baja en España. Creo que a veces las suelta sin pensarlas. He trabajado muchos años siempre por cuenta ajena, y las tres bajas que cogí en toda mi vida vinieron motivadas por acoso de encargados o mandos intermedios. Tal vez las empresas deberían dejar de quejarse tanto y controlar a estos encargados que hacen la vida imposible a los trabajadores; muchos de los cuales optan por la baja laboral. Y otros, por el suicidio, casi 11 al día. Morir por trabajar y por un encargado que te machaca en el trabajo, qué triste... Y usted con esos comentarios. Llevo votando a su partido 40 años. Piense antes de abrir la boca. Alberto Pola
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