El agujero negro de Venezuela

M.ª Carmen González Castro
M.ª Carmen González VUELTA Y VUELTA

OPINIÓN

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, revisa las tareas de recogida de ayuda para las víctimas del terremoto.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, revisa las tareas de recogida de ayuda para las víctimas del terremoto. JUAN CARLOS / PRESIDENCIA VENEZU | EUROPAPRESS

Por ser como es Galicia una tierra de emigrantes, Venezuela es un país muy cercano. Como Argentina, Cuba o incluso Brasil. ¿Quién no conoce la historia de algún hombre que llegaba a La Guaira con la maleta en una mano y la herramienta en la otra? ¿O de alguna mujer que cosía hasta el amanecer para que su hijo pudiese estudiar en un buen colegio? Más tarde, ya en la opulencia de los 70, muchos emigrantes disfrutaron del give me two con el que se conocía a los venezolanos en Miami. Esas épocas quedan lejos. La devaluación de los 80, la inestabilidad de los 90 y la fiesta del petróleo de los 2000, que ya bajo el régimen de Chávez disparó el consumo pero destruyó el aparato productivo del país, han desembocado en la actual Venezuela. Un país del que se han marchado unos ocho millones de ciudadanos, del que han huido las grandes empresas, porque la moneda no vale nada, porque la inflación destruye en horas lo que se gana, porque la inseguridad amenaza el día a día y porque el deterioro es tan grande que en un país productor de petróleo la población no tiene garantizado el suministro eléctrico las 24 horas. La exportación de barriles de crudo, la principal fuente de riqueza del país, es un tercio de lo que era hace veinte años.

Son evidencias de que el actual régimen ha llevado al país al borde del abismo. Y ese abismo cedió por completo cuando la naturaleza colocó al Gobierno de Delcy Rodríguez ante el más implacable test de estrés: un doble terremoto.

El seísmo fue de una contundencia que tiene pocos precedentes. Aunque no puede evitarse, sí hay una serie de medidas en la construcción que amortiguan el impacto. Pero los expertos ya empiezan a señalar que muchas de las viviendas que se desplomaron en La Guaira, una zona de riesgo, fueron construidas con el bum petrolero de hace veinte años sobre terrenos que habían sido objeto de inundaciones y deslizamiento de tierras, y sin cumplir la normativa sobre terremotos. Los propios venezolanos explican que «pagando bajo cuerda consigues que te den el certificado de que cumples todo». El progresivo empobrecimiento de la población da alas a la corrupción. El Estado fiscaliza a los partidos de la oposición, pero no fiscaliza lo que afecta a la vida de la gente; no se asegura de que las normas se cumplan y, cuando llegan los problemas, la desgracia se multiplica. El abismo es tal que una vez ocurrida la catástrofe no hay ni medios para el rescate. Y son los venezolanos los que están resolviendo la emergencia con sus manos. Como tendrán que hacer para sacar al país del agujero negro en el que se hunde.