Asesinar gaviotas

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

Una gaviota con un trozo de pan en el pico
Una gaviota con un trozo de pan en el pico MONICA IRAGO

Tenía que pasar en algún momento. Un hombre asesinó a una gaviota en Asturias. El muy pájaro intentó robarle el pincho de tortilla que se disponía a despachar en una terraza de la ciudad de Gijón y el muy humano perdió el control y le retorció el pescuezo hasta provocarle la muerte. Otros humanos lo denunciaron por maltrato animal y el individuo acabó en el cuartelillo. El incidente resuena con la solemnidad de los acontecimientos que inauguran épocas, la de la rebelión de los humanos contra los pájaros, en concreto contra las gaviotas y las palomas urbanas.

Casi al mismo tiempo del pajaricidio asturiano, por las calles de Vigo una gaviota ejecutaba un picado en vertical para arrebatar un bocadillo a una niña. Los testigos acreditan que lo hizo con violencia. Los humanos adultos consiguieron espantar a la bestia que huyó sin necesidad de ser degollada.

A diario, personas de edades y condiciones diversas libran una batalla a manotazos contra seres alados que intentan apresar patatillas, aceitunas, pinchos de tortilla y despojos alimentarios diversos en terrazas y veladores de nuestras ciudades. Acechan a los seres humanos y aguardan a que se produzca un descuido. Las bajas en menaje y cristalería son cuantiosas y forman ya parte de los descuadres de los hosteleros. A día de hoy, podríamos decir que la batalla está en tablas, pero se observa un avance paulatino y constante de los pájaros, que ya se atreven con hurtos en tirabuzón desde las nubes como el comentado de Vigo.

Juan Salvador Gaviota se ha vuelto un adversario hostil que pelea por nuestras patatillas y la paloma ha dejado de ser el símbolo de la paz para declinar hacia misiles voladores capaces de dejarte tuerta por un poco de mortadela. Mucho chiste, pero mucha información sobre el mundo que vivimos.