Empiezan a celebrarse las fiestas del hasta luego y hasta siempre en muchas empresas. Me van a entender. Esas cenas en las que tenían que estar prohibidos los móviles y que salen perfectas porque las organizan Elisa Gómez y María Pedreda. En La Voz llevamos unas cuantas. Esta semana fue la de Rosa Paíno y Mercedes Lodeiro, periodistas. Llevo casi cuatro décadas con ellas. Se escribe pronto. Rosa Paíno dirigió la sección de Internacional y tiene el mundo a sus pies. Los corresponsales le hicieron un vídeo que fue prueba de su buen carácter. Mercedes Lodeiro nos dio una lección a todos cuando se marchó a Barcelona como una becaria a contar el procés, hace dos telediarios. La misma que entrevistó en Miami al Julio Iglesias que estaba en la cumbre. Dos compañeras increíbles que, como a tantas mujeres, las he visto currar sin parar, a la vez que criaban a sus hijos y a sus maridos y cuidaban a sus padres y madres, que poco a poco se nos vuelven niños. Sin perder la elegancia. Administrando el rigor y la precisión sin el que este oficio no es nada. Casi 40 años en los que ellas y nosotros, los de La Voz, hemos estado muchas veces más tiempo en la casa de La Voz que en nuestros hogares. La Voz es la suma de todos los departamentos de la compañía para llegar al apellido: La Voz de Galicia.
No voy a esas cenas. Me echaría a llorar sin remedio. Prefiero vivir en la luna. Sé que me equivoco. Pero ver marchar a Rosa y a Mercedes, como antes a Juancho Martínez, a Tino Novoa, a Leoncio González, a Jorge Casanova, a José Manuel Fernández, a Carlos Agulló es una cuesta arriba que algunos preferimos evitar y vivir en la ensoñación de que no está pasando. Pero está sucediendo en todas las empresas. Será difícil sustituir todo ese caudal de buen hacer profesional, de talento, pero veo, en el trabajo, perfiles que harán que nuestro paso a los hemerotecas sea suplido sin problema por la esencia de La Voz de Galicia: contar y contarnos con honestidad. Solo al servicio de nuestros lectores, que son legión en el papel, en la web, en las redes sociales. Como en otros trabajos, se trata de sumar, de apretar los dientes los días malos. Un periódico es un equipo o no es. Como nuestra radio. Como Voz Audiovisual. Como los que hacen las rutas en sus furgonetas para servirles La Voz, su Voz, en la puerta de casa. El olor maravilloso de la tinta en la rotativa. Las campañas electorales (¿para cuándo elecciones, Pedro Sánchez?), Donald Trump cambiando de opinión cada vez que vira el viento en Fisterra, el Celta repitiendo en Europa, el Dépor durmiendo en Primera. Las delegaciones de La Voz que llegan hasta el último de los marcos de nuestra tierra. Periodistas y fotoperiodistas que traen la sangre de la información: las noticias. En La Voz cuando llegas a la jubilación que, como saben, viene de júbilo, te sueles llevar una caricatura de Pinto y Chinto, que es lo más parecido que hay a tener un Picasso en Galicia. Desde finales de los ochenta informando da para mucho. Pero lo que les contaremos mañana será todavía mejor por toda esta chavalada que nos rodea y ya se saben de memoria que lo de las mil primaveras máis para Galicia es oro de ley.