Ya pueden estar apurando los guionistas de Celeste, la serie de Carmen Machi en la que encarna a una implacable inspectora de Hacienda para darle la vuelta a la tortilla al caso de esa cantante famosísima que había defraudado al fisco. Van a tener que llamar de verdad a Shakira y que les haga un cameo con todo este show más digno de una historia de ficción. Eso es lo que ha habido, un exceso de teatralidad y mucho morbo, que ha acabado por erosionar lo que se pretendía defender: la credibilidad institucional. Sin embargo, el espectáculo y esa cruzada moral contra la superestrella que factura millones a costa de no pagar impuestos ha acabado por desmontar la función. La sentencia de la Audiencia Nacional no es un tecnicismo menor, es una enmienda clarísima al comportamiento de la Agencia Tributaria que no ha podido demostrar que Shakira residiera en España el tiempo suficiente en el 2011. Está muy bien la sospecha hacia los ricos y esa exhaustiva investigación para que paguen lo que deben, pero una democracia no puede confundir justicia y escarnio. Durante ocho años se ha cargado contra Shakira, con el juicio mediático paralelo al que se ha contribuido, por la condena que le había puesto Hacienda, y ahora resulta que, después de haber pagado casi 55 millones de euros, esa cantidad tendrá que serle devuelta a la cantante con intereses porque todo ha quedado en agua de borrajas. Es demasiado espectáculo incluso para un buen guion.