La relación especial entre Estados Unidos e Israel está en horas bajas, con el segundo perdiendo el apoyo de las élites americanas, en un momento en que el cambio más profundo se está gestando en las altas esferas del poder. Edward Luce, uno de los analistas más influyentes, ha enviado señales de alarma desde su periódico, The Financial Times, asegura que el favor estadounidense hacia el Gobierno de Benjamín Netayahu se está «evaporando».
Según Luce, la deriva de Israel hacia la extrema derecha comenzó en 1995, tras el asesinato del primer ministro Isaac Rabin a manos de un fanático israelí, acto que enterró la esperanza de una paz negociada con los palestinos. Por lo demás, Israel sigue atacando el Líbano, donde ha causado 2.700 muertos y más de 8.200 heridos en los últimos dos meses.
La Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) ha denunciado que la situación en el Líbano sigue siendo «extremadamente frágil», a pesar del alto el fuego intermitente desde el 17 de abril, ya que los ataques israelíes, las demoliciones de viviendas, las órdenes de evacuación y la prohibición de regresar a algunas zonas «continúan provocando desplazamientos reiterados y un rápido aumento de las necesidades humanitarias».
La propia ACNUR ha señalado que «la destrucción generalizada persiste en amplias zonas del país y afecta a viviendas de cientos de miles de personas, así como a infraestructuras básicas». Y subrayó que «aunque todas las personas desplazadas anhelan volver a sus hogares y miles de familias han intentado hacerlo desde el inicio del alto el fuego, estos movimientos son aún limitados, parciales y con frecuencia reversibles», porque Netanyahu mantiene la tensión bélica en favor de su sueño de un gran Israel.