«La patria es un invento»

OPINIÓN

El actor Federico Luppi, en una imagen de archivo, durante su visita a Santiago en el año 2002 con motivo del homenaje del festival Cineuropa
El actor Federico Luppi, en una imagen de archivo, durante su visita a Santiago en el año 2002 con motivo del homenaje del festival Cineuropa PACO RODRÍGUEZ

En la semana en que nos dejó el director de cine Adolfo Aristarain resuenan con fuerza las palabras del personaje que interpreta Federico Luppi en su obra magistral Martín (Hache). En tiempos de discursos huecos y patriotismos de escaparate, pocas frases siguen golpeando con tanta lucidez como el consejo que le da Luppi a su hijo: «La patria es un invento. El que se siente patriota, el que se cree que pertenece a un país, es un tarado mental [...] Uno se siente parte de muy poca gente; tu país son tus amigos, y eso sí se extraña, pero se pasa». El monólogo del gran Luppi recuerda también la sabiduría de la madre de Joan Manuel Serrat, Ángeles Teresa, nacida en Zaragoza y emigrada a Cataluña, que definió de forma muy pragmática su condición patriótica: «Yo soy de donde comen mis hijos». Es, con otro giro de tuerca, el mismo fundamento que recoge Manolo Rivas en el libro Galicia, el bonsái atlántico cuando en boca de un zapatero dice aquello de «para galego vale calquera» con la intención de condensar la universalidad de nuestra esencia.

Mientras muchos discursos apelan hoy al miedo y dibujan a los emigrantes como demonios, conviene huir del nacionalismo como mercancía emocional y refugio de los que necesitan enemigos. Hay que saltar esas trincheras y desenmascarar las consignas vacías. Vuelvo a Martín (Hache), a 1997, y a su crujido. A su honestidad. A su profunda humanidad.