La imperiosa necesidad de reorientar el sistema de salud
OPINIÓN
Ante los problemas y las presiones que enfrenta el sistema público de asistencia sanitaria, la andanada ideológica de la privatización a ultranza y el descontento creciente de la población con los servicios que recibe, es imprescindible reorientar y redirigir tanto el modelo de atención como la gestión del Sistema Nacional de Salud, defendiendo siempre la relevancia de la sanidad pública, universal y gratuita como parte de la construcción del estado de bienestar en la España contemporánea.
Hay que garantizar un Sistema Nacional de Salud que responda a las necesidades sanitarias cambiantes fomentando la calidad asistencial. Las políticas de recortes del gasto social, incluido el gasto sanitario público, así como las externalizaciones y privatizaciones desarrolladas como parte de las políticas de ajuste durante la crisis económica han aumentado las inequidades y debilitado la capacidad de respuesta.
El establecimiento de prioridades se ha visto muchas veces arrastrado por las presiones demográficas, por la demanda que resulta de una carga de enfermedad de poblaciones crecientemente envejecidas, por un modelo sustancialmente curativo reparador y tecnológico-intensivo. No se han privilegiado las intervenciones preventivas y de promoción de la salud ni los dispositivos de salud pública y atención primaria requeridos para llevarlas a cabo.
Un pilar fundamental de la reorientación del sistema nacional de salud debe ser el reforzamiento de la atención primaria de salud. En los equipos de atención primaria y en los centros de salud convergen muchas de las labores de salud pública, de promoción de salud y prevención, de tratamiento de enfermedades agudas y crónicas, de trabajo conjunto con los servicios sociales (sobre todo con las residencias de mayores) y con el sistema educativo.
Es necesario diseñar la cartera de servicios de modo que dé respuesta a la carga de enfermedad de la población española, desde la promoción de la salud y la prevención de riesgos de pandemias, hasta los problemas de salud de carácter crónico y los relativos a los procesos de envejecimiento y dependencia. Esto implica un refuerzo de las acciones encaminadas a promover el envejecimiento activo, la rehabilitación, el control de la efectividad de los tratamientos con fármacos (especialmente en los pacientes polimedicados), tanto en el domicilio como en las residencias de personas mayores y de personas con discapacidad
Muchas comunidades autónomas han priorizado el crecimiento y el gasto en las infraestructuras hospitalarias y de alta complejidad tecnológica en detrimento de la inversión en materia de salud pública y atención primaria. Esto no puede seguir así.
Los sistemas de salud autonómicos tienen que aumentar su número de trabajadores, motivarlos más, eliminar la precariedad laboral, y gestionarlos y retribuirlos mejor. Pero también habrá que acometer los desafíos que suponen la gobernanza de los establecimientos de salud, la necesidad de la reducir las listas de espera, el potenciar la humanización de la atención sanitaria, el dar adecuada respuesta a la formación de los profesionales, el resolver la escasez de determinadas profesiones sanitarias, la necesidad de superar la práctica imposibilidad de mover personas e insumos entre los diferentes servicios autonómicos de salud, el promover la digitalización, y el articular políticas de equidad y cohesión.
Por su parte, la relación con la asistencia sanitaria privada, tal como estableció la Ley General de Sanidad, debe ser un complemento y no un sustituto de la asistencia pública, y los modelos de gestión privada de los hospitales públicos deberían reevaluarse con criterios rigurosos de costo, efectividad y equidad.
El Sistema Nacional de Salud es uno de los mayores activos del Estado moderno en España. Además de ser un buque insignia del estado de bienestar es una de las fuentes más importantes de cohesión social y un pilar fundamental del salario social. A menudo lo damos por descontado, pero es una de las construcciones contemporáneas que más nos enaltece como sociedad y que más necesitamos preservar y poner al día.
Daniel López Acuña es epidemiólogo, exdirectivo de la Organización Mundial de la Salud