Loli Eiriz, la guardiana de los niños más débiles

Cartas al director
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OPINIÓN

Trisac, jefe de Neonatología, con su mano derecha, Loli Eiriz
Trisac, jefe de Neonatología, con su mano derecha, Loli Eiriz MARCOS MÍGUEZ

10 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La vocación no se jubila

Como jefe de la Unidad de Neonatología del Chuac sé que hay profesiones que se ejercen y otras que se viven. La enfermería pertenece a las segundas. Y pocas trayectorias lo explican mejor que la de Loli Eiriz, una de esas profesionales que han hecho de la sanidad pública no solo su lugar de trabajo, sino una forma de entender la vida. Su trayectoria profesional se inició en el verano de 1980. Desde entonces han pasado más de cuatro décadas de turnos, noches largas, períodos dedicados a la gestión, aprendizajes continuos y más de 20 años, los últimos, como supervisora de la Unidad de Neonatología del Materno. Miles de historias compartidas con pacientes, familias y compañeros y una extraordinaria capacidad de humanizar la atención. Como supervisora de la unidad de neonatología, Loli Eiriz no solo ha gestionado una unidad especialmente sensible. Ha contribuido a construir un espacio donde la técnica convive con la cercanía y donde cada familia siente que, además de profesionales, hay personas acompañando uno de los momentos más delicados de su vida. En neonatología todo ocurre al principio de las historias. Allí llegan los recién nacidos más frágiles, los que necesitan más cuidados, más vigilancia y también más esperanza. En ese lugar donde la vida apenas comienza, la enfermería adquiere una dimensión especial. Y ahí es donde durante tantos años ha estado Loli: cuidando, acompañando y recordando que detrás de cada incubadora hay unos padres, un futuro y una vida que empieza.

Pero su legado no se mide solo en lo vivido junto a los pacientes. También está su defensa constante de la formación y necesidad de mejora, y ella ha sido clave para que nuestra Unidad de Neonatología cuente ahora con la certificación de calidad de Aenor para la atención que en ella prestamos. A lo largo de su trayectoria ha sido una firme impulsora del aprendizaje continuo, convencida de que cuidar mejor exige también seguir aprendiendo. Gracias a esa convicción, muchos profesionales más jóvenes han encontrado en ella no solo a una supervisora, sino también a una referencia. Después de más de cuarenta años dedicados a la sanidad pública, llega ahora el momento de la jubilación. Un tiempo distinto, merecido, que abre paso a nuevas alegrías y a otra manera de vivir. Y la vida, que a veces tiene una hermosa forma de cerrar los círculos, le traerá en estos días una noticia que lo resume todo: la llegada de Julia, su nieta. Un nuevo comienzo que la llenará de alegría. Hay personas a las que el reconocimiento les llega no por lo que dicen de sí mismas, sino por lo que tantos otros sienten por ellas. Quizá por eso la jubilación, en su caso, no suena a despedida, su libro de estilo queda impregnando nuestra unidad. Loli Eiriz ha sido una enfermera con todas las letras, pertenece a esa categoría sencilla y extraordinaria: la de las vocaciones que nunca se jubilan. Jose Luis Fernández Trisac. A Coruña.

Una cosa es el odio y otra muy distinta la indignación

Es muy triste y a la vez genera una gran impotencia ver a diario como somos manejados al antojo de los que, con sus hilos, de igual modo que las marionetas, nos dirigen en este gran espectáculo de nuestro entorno. La vida teatralizada de los ciudadanos sin que la persona pueda afrontar libremente su razón y respetabilidad, en resumidas cuentas, su dignidad.

Bochornosas son las actuaciones irrespetuosas de nuestros políticos en el Congreso (que están ahí en representación de todos y cada uno de nosotros), mal ejemplo que solo genera odio entre la ciudadanía. Y una cosa es el odio y otra muy distinta la indignación, que debe sentirse ante una ilegalidad. Hay un dicho que se le atribuye a Buda: «Aferrarse al odio es como tomar un veneno y esperar a que la otra persona muera».

No consintamos ser una herramienta política de aquellos que exhiben el poder.

Nunca debemos perder nuestras convicciones ni la libertad individual. Cuanto más ilusa sea la ciudadanía más fácil resulta cautivarla, mentirle. Hay que exigir inversión en educación, clave del progreso y de la libertad individual. Leamos, debatamos, busquemos, preguntemos, observemos, pero no permitamos nunca, que nadie piense por nosotros. ¿Dónde están nuestras libertades, nuestros derechos y deberes? La injusticia y la impotencia se apropian de nuestra sociedad. José Ramon Talero Islan.

Trump en modo apocalíptico

O presidente americano, Donald Trump, segue obsesionado coa súa viaxe a ningunha parte.

A lista de despropósitos na que sumiu a humanidade dende que acadou o seu segundo mandato e chegou a o poder roza xa o inimaxinable, o grotesco, o negativo.

A súa penúltima ocorrencia de invadir Irán xunto ao seu amigo Benjamín Netanyahu, está reportando tantos desgustos económicos e humanitarios que levará tempo atopar unha solución duradeira e xusta.

Coa súa idea de bos e malos (por suposto situándose el no lado dos bos e dos electos para dirixir á humanidade) e ante os reveses sufridos por non alcanzar rapidamente os seus obxectivos, lanza frases que rozano apocalíptico: «Toda unha civilización morrerá».

Ninguén debe calar, tampouco mirar para outro lado ou agochar a cabeza ante as fachendas e as ameazas dun presidente que perdeu todo o norte do sentido común, da sensibilidade do humano. Manuel Romasanta.