La geología de la Luna: lo que sabemos y lo que aún debemos descifrar

Pablo Núñez Fernández GEÓLOGO. MIEMBRO DE LA JUNTA DIRECTIVA DE LA FEDERACIÓN EUROPEA DE GEÓLOGOS (EFG)

OPINIÓN

Cuando miramos a la Luna, la conversación suele gravitar hacia la épica tecnológica. Sin embargo, como geólogo, considero necesario cambiar el foco. No es casualidad que el único científico que ha pisado la Luna, Harrison Schmitt en el Apolo 17 en 1972, fuera además geólogo, convirtiéndose en el referente de lo que nuestra disciplina aporta a la exploración espacial. El verdadero reto no es llegar a ella, sino descifrar en profundidad los secretos de su subsuelo. El conocimiento científico nos invita a dar un paso más: pasar de la exploración superficial a una verdadera investigación geológica. Existen evidencias de que el regolito lunar alberga elementos clave, y avanzar en su estudio es una prioridad científica.

Durante décadas, la Luna fue un territorio exclusivo para la ciencia básica. Hoy, ese paradigma evoluciona gracias a los datos de sondas y misiones robóticas. El satélite empieza a revelarse como un espacio geológico natural de enorme interés. El foco de la investigación no es plantear una extracción a gran escala hacia la Tierra, sino comprender cómo se formaron estos elementos y desarrollar tecnología para procesarlos in situ, abriendo la puerta a una presencia humana sostenible en el espacio.

El activo sobre el que recae la mayor certeza científica es el agua. Las investigaciones han confirmado la existencia de hielo en los polos lunares. Desde una perspectiva de recursos, este hallazgo lo cambia todo: no solo es vital para futuros asentamientos, sino que puede disociarse para fabricar combustible en el propio satélite.

Pero si hay un elemento que concentra los esfuerzos de investigación prospectiva, ese es el helio-3. El regolito lunar —la capa de polvo y rocas de la superficie— está impregnado de este isótopo. En la Tierra es prácticamente inexistente, pero su potencial es inmenso: se postula como el combustible ideal para los futuros reactores de fusión nuclear, ofreciendo energía limpia y segura. Las estimaciones apuntan a reservas que garantizarían energía para siglos.

A esto sumamos evidencias de elementos críticos para la tecnología. Los análisis espectrométricos indican que la superficie lunar alberga tierras raras, platino, hierro y magnesio. El objetivo científico es desarrollar tecnología para procesar estos materiales en el entorno espacial y construir infraestructuras in situ.

Como profesionales de las ciencias de la Tierra, observamos este escenario con fascinación. El desafío es desarrollar un conocimiento geológico profundo que permita entender y gestionar estos recursos bajo marcos éticos y científicos rigurosos. Empecemos a escuchar a la Tierra, sí, pero avancemos en el estudio geológico de lo que nos depara la Luna.