Podía haber sido más profunda, pero la crisis de Gobierno se ha solucionado de una forma quirúrgica y sin estridencias. Sánchez ha nombrado vicepresidente primero al ministro de Economía, Carlos Cuerpo, mientras que al frente del Ministerio de Hacienda ha colocado a un secretario de Estado, Arcadi España. Hasta ahí ha movido la baraja. Parece que el presidente se siente a gusto en su grupo reducido de fieles y que no se arriesga a entrar en una vorágine de cambios que de un impulso a su Consejo de Ministros. En cualquier caso, estos nombramientos dejan varias consideraciones.
Por un lado, María Jesús Montero. Se va de candidata a unas autonómicas. Antes, Pilar Alegría se fue a la hoguera de Aragón y ahora Montero se va a la pira de Andalucía. O mucho cambian las cosas durante la larga campaña electoral que ya ha comenzado, o la exministra de Hacienda se puede pegar una costalada épica. Algunas encuestas le dan una pérdida de tres puntos porcentuales con respecto a los comicios del 2022.
Otro aspecto a tener en cuenta de la subida de Carlos Cuerpo es la situación de Félix Bolaños. Hasta ahora era el hombre para todo de Pedro Sánchez. No solo ejerció su papel como ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, sino que ha sido parte activa en numerosas negociaciones con otros partidos políticos. Da la sensación de que sus servicios no han tenido el pago que él mismo podía esperar tras haber evidenciado una entrega casi ciega a su líder.
En cuanto a Carlos Cuerpo, se había convertido en una figura emergente en los últimos meses como ministro de Economía. De alguna forma, Cuerpo ha pilotado la nave en un momento de enorme complejidad por culpa de la guerra en Oriente Medio. Ha dado la cara, ha negociado con los agentes sociales, ha hablado públicamente y ha defendido en el Congreso el decreto del escudo social .
Pero si hay algo que más ha caracterizado a Carlos Cuerpo, a pesar de su moderación en las formas y su talante dialogante aparente, es su enfrentamiento con Yolanda Díaz. Su nombramiento como vicepresidente primero del Gobierno supone un golpe moral y práctico a la política ferrolana. Quién no recuerda aquel «es casi mala persona» que Díaz le dedicó al ministro económico a cuenta de la negociación de la reducción de la jornada laboral. Ciertamente, esta novedad en el Ejecutivo no ayudará a rebajar las últimas tensiones que se han producido entre los ministros del PSOE y los de Sumar.
Por último, la sorpresa del ascenso de Arcadi España al ministerio de Hacienda procedente de la secretaría de Estado de Política Territorial. Nadie contaba con él para un puesto tan relevante como el suyo, si bien se trata de un hombre con pedigrí socialista y un buen perfil técnico. «Es una persona inteligente, recta, comprometida, que dará continuidad al buen hacer de María Jesús Montero», dijo ayer el propio Pedro Sánchez.
En definitiva, pocos cambios, pero relevantes, para afrontar unos tiempos convulsos en los que el PSOE tiene que dar la vuelta a un calcetín político que les viene enrevesado.