Café de Etiopía y flan de toda la vida

J. R. Alonso de la Torre REDACCIÓN / LA VOZ

OPINIÓN

El barista Pablo Simancas en TuCafé, el rincón más cafetero de Vilagarcía
El barista Pablo Simancas en TuCafé, el rincón más cafetero de Vilagarcía MARTINA MISER

El café de especialidad es tendencia en una Vilagarcía donde resiste la cocina con memoria

15 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Primero nos convencieron de que el vino tenía notas frutales de ciruelas, florales de jazmín y aromas terciarios de vainilla y regaliz. Ahora nos cuentan que el café que tomamos es Ethiopia Yirgacheffe de proceso natural, recolectado a 1.900 metros de altitud, varietal heirloom y con notas de chocolate negro, jazmín, kiwi, manzana, maracuyá y té verde.

Las características de ese café etíope las acabo de copiar del paquete del café que tomo mientras escribo este Callejón del Viento y les aseguro que, por más que me concentro, no pillo ni el jazmín ni el kiwi. Del maracuyá ni les cuento y solo, quizás, esforzándome mucho, me puede recordar al chocolate negro por aquello de que es café solo, no lo tomo con azúcar y el chocolate negreo también tiene su punto de amargor.

Los cafés de especialidad arrasan, son moda, tendencia, pasión. Y han llegado a Vilagarcía. El pionero se llama Pablo Simancas, ha abierto TuCafé, un puesto esquinero en el exterior de la plaza de abastos de Vilagarcía y utiliza, según contaba Serxio González en La Voz esta semana, «los mejores granos, los tuestes precisos, la leche natural y un agua depurada». No contento con ello, ha propuesto un juego gastronómico consistente en que los cocineros de la ría ideen un acompañamiento que le vaya bien a un buen café de especialidad.

No hay marcha atrás

Curiosamente, la especialidad escogida por Pablo es la misma que me acompaña mientras escribo: Etiopía Yirgacheffe, un café heirloom que, eso sí, tiene notas diferentes: las del café de Pablo Simancas son cuero, té negro, que no verde, y miel. Si sumamos las notas de ambos cafés de la misma especialidad, nos salen nueve matices y ya me dirán qué paladar es capaz de distinguir tanta nota. Eso sí, es un café diferente, cuando te acostumbras a él, ya no hay marcha atrás, no quieres otro, aunque debes preparar el bolsillo porque el paquete que tengo delante de mí cuesta 18 euros y solo son 250 gramos. En TuCafé sale más barato, que ya se sabe que los cafés vilagarcianos, sean de especialidad, sean de toda la vida, tienen precios contenidos y razonables.

El caso es que el chef vilagarciano Xoanqui Ameixeiras ha emparejado un expreso doble preparado por Pablo Simancas con una «cremosa espuma de queso San Simón a la que da cobertura una tierra de cacao crocante». Una delicia que abre el camino para que Vilagarcía se una a la tendencia cafetera de la especialidad.

Gastronomía esquizofrénica

La gastronomía vive una situación esquizofrénica muy particular. Por un lado, es moda lo sofisticado y por otro, hay un retorno emocionado a la cocina de la memoria. Es algo común en la historia, ya sea del arte, la literatura o la cocina. Tras el barroco viene el neoclasicismo y tras la nueva gastronomía regresa la cocina del recuerdo, de la abuela, de toda la vida.

El proceso de elegancia y sofisticación comenzó en la ría cuando, allá por los años 50 del siglo pasado, en Cambados, en Casa Germán y en la taberna de Aniceto, se empezó a servir el albariño en copas. Casa Germán abrió el 18 de julio de 1928 y en la taberna había unos barrilitos de vino tinto y un barrilito de albariño, que entonces era un vino prácticamente desconocido. «Cuando aún estaba turbio, solo se podía servir en taza. Luego ya se despachaba en copas de tipo español de casi un cuarto de litro», me contaba Pepita hace 30 años, en 1996, cuando Casa Germán ya era el bar más antiguo de Cambados.

En 1981, en Casa Avelino de Vilaxoán, el equipo directivo del instituto de Fontecarmoa me llevaba a tomar albariño con queso holandés de contrabando. Los profesores Pazos, Lamelas, Suárez, Alonso y Caneda me descubrieron aquel vino, que aún servía Avelino en botellas sin etiquetar, y aquel queso gouda, que hoy se puede comprar en cualquier supermercado, pero entonces llegaba de contrabando en barcos mercantes al puerto de Vilagarcía.

Entre vanguardia y tradición

Éramos unos ignorantes que desconocíamos las notas de cata del albariño, sus toques florales de azahar y jazmín, sus matices herbáceos de heno y menta, sus aromas a fruta blanca y de hueso… Y lo tomábamos con queso, cuando su maridaje ideal es con mariscos, pescados blancos, arroces y cocina asiática. Solo sabíamos que estaba muy rico y que entraba muy bien con el gouda.

Las marcas de moda, desde Louis Vuitton hasta Armani o Chanel, han abierto cafeterías propias, caso del Zacaffé de A Coruña o el Prada Caffè de Londres. Pero frente a las tendencias refinadas y complejas, también triunfa el retorno a lo rudimentario, a la cocina de la abuela. Ahí está el caso del flan, que es tendencia en postres, pero bien hecho, con la dificultad que entraña lo sencillo: el punto de cocción, la textura cremosa, el caramelo en su punto. Eso se llama oficio, que no artificio. Y en ese punto, en el de la cocina con memoria y sin maquillaje, Vilagarcía triunfa: aquí, en general, no se perdió la cabeza con la nueva cocina. Y así está el panorama: por un lado, la vanguardia del café etíope con espuma de queso y tierra de cacao de Simancas y Ameixeiras y por otro, el flan de toda la vida de Pepe Quilé.