Ucrania, tecnología y guerra sucia

Fernando López Peña INGENIERO AERONÁUTICO, CATEDRÁTICO Y PROFESOR EMÉRITO DE MECÁNICA DE FLUIDOS DE LA UNIVERSIDADE DA CORUÑA

OPINIÓN

Edificios destruidos por las bombas en la ciudad ucraniana de Donetsk.
Edificios destruidos por las bombas en la ciudad ucraniana de Donetsk. Alexander Ermochenko | REUTERS

12 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El conflicto entre Rusia y Ucrania está sirviendo como campo de pruebas sin precedentes para numerosas tecnologías emergentes. Desde drones hasta inteligencia artificial, guerra cibernética o tecnología espacial, el conflicto ha demostrado cómo las innovaciones tecnológicas están transformando la naturaleza de la guerra moderna. Ucrania ha desplegado una mezcla diversa de sistemas de vehículos aéreos no tripulados, que incluyen desde drones militares hasta drones comerciales modificados y sistemas caseros. A pesar de las predicciones de que esta sería la primera verdadera ciberguerra, los ciberataques han tenido un impacto limitado en el campo de batalla. Además, empresas como Palantir, Primer y Helsing ofrecen herramientas de IA para análisis avanzado de datos, procesamiento de lenguaje natural y reconocimiento de imágenes que permiten tomar decisiones tácticas en cuestión de segundos.

Los satélites Starlink, que proporcionan la columna vertebral de las comunicaciones ucranianas, han demostrado tanto su valor estratégico como las vulnerabilidades asociadas con el control privado de infraestructuras críticas. En este conflicto, las compañías tecnológicas privadas están desempeñando un papel inédito. SpaceX, Amazon y varias startups especializadas han brindado servicios esenciales que tradicionalmente eran competencia exclusiva de los Estados. La rapidez de despliegue, la disponibilidad inmediata y los costes relativamente bajos de los sistemas comerciales han demostrado ventajas significativas sobre sus equivalentes militares tradicionales. Sin embargo, las decisiones unilaterales de ejecutivos corporativos, como las restricciones impuestas por Elon Musk al uso militar de Starlink, han afectado operaciones militares.

La visión y agilidad ucraniana en la implementación de nuevos paradigmas militares les ha permitido enfrentarse a un enemigo mucho más poderoso. Aunque los rusos intentan replicar las estrategias ucranianas, a menudo van a la zaga e incluso, en ocasiones, no logran equipararse debido a la falta del soporte tecnológico necesario. Por ello, su estrategia se centra en su superioridad numérica y en su gran arsenal de armamento tradicional. Además, Rusia ha iniciado una guerra híbrida contra Europa para extender su conflicto con Ucrania. Desde el 2022, ha empleado ciberataques, desinformación, injerencia electoral, espionaje, sabotajes y asesinatos selectivos para desestabilizar la UE y socavar su cohesión política. En España hay constancia de injerencia rusa en todos estos ámbitos, salvo los dos últimos.

Sin embargo, los investigadores del accidente de Adamuz aún no han descartado completamente la posibilidad de sabotaje. De confirmarse esta hipótesis, la implicación de Rusia sería muy probable por dos razones. En primer lugar, Rusia no reclamaría la autoría ni tendría ningún interés en que se descubriese. En segundo lugar, sería relativamente sencillo, por ejemplo, manipular el material de soporte (balasto) cerca de una soldadura con una grieta preexistente para aumentar la amplitud de las deformaciones, reduciendo así el número de ciclos hasta la rotura y aumentando la magnitud del colapso. Pese a que esta hipótesis esté casi descartada, da escalofríos. En todo caso, sería conveniente hacerles más caso a los estrategas del Kremlin: la guerra de Ucrania no está muy lejos, ya está aquí.